Semana Santa en Ayacucho
Llegué a Cuzco del Valle Sagrado vendí mi bici, si habéis leído bien, vendí mi bici a Claudio el guía turístico que conocí en el Valle. Mi viaje por Sur América terminará dentro de poco, así que en estos últimos días ya no daré pedales. Me siguiente destino sería Ayacucho. Esta ciudad es considerada después de Sevilla como la segunda en el mundo por la celebración de la tradicional Semana Santa. Esta festividad es celebrada durante diez días.
Fui a comprar un billete de autobús de Cuzco a Ayacucho, de todas las empresas de transporte que normalmente realizan este recorrido, solo una lo hacia, las demás habían suprimido este servicio. Me dijeron que hace un par de meses en plena época de lluvias, un puente que cruzaba un río se cayó. Pusieron un barquito para poder cruzar el río, pero hace una semana la corriente del río volteo al barquito y las nueve personas que iban en él se las tragó el agua. Por eso todas la compañias menos una había suprimido este trayecto. A las 6:40 de la tarde, en el autobús de la única empresa que hace el recorrido salí de Cuzco rumbo a Ayacucho. Para hacer los 500 km que separan Cuzco y Ayacucho tarde más de un día. Los primero kilómetros son los únicos que están asfaltados, luego camino de tierra. Todo el trayecto transcurre por la cordillera de los Andes, no hay ni un solo kilómetro llano, siempre con curvas, siempre subiendo o bajando. Subíamos un puerto a más de 4000 metros de altura, descendíamos al valle a 2000 metros de altura sobre el nivel del mar, otro puerto cambio de valle. A las 5 de la mañana llegamos Andahuaylas, allí tuve que esperar hasta las 7 de la mañana a otro autobús. Más de lo mismo subidas, bajadas,baches, precipicios ahora era de día así que podía ir viendo el paisaje pueblitos muy pequeños, tierras de cultivo, algo de ganado, montañas y más montañas. Dos veces nos pararon la policía y las dos veces sucedió lo mismo, empezaron a revisar el autobús, los grandes y apretados maleteros, el pasillo, debajo de los asientos…..Dijeron que de quien era unos grandes sacos azules, bajo la dueña de ellos. La policía decía que eran mantas que venían de contrabando de Bolivia, la frontera boliviana esta a más de 1500 kilómetros, la señora saco y mostró a la policía unos papeles de compra de los bultos. Sobre, las señoras del autobús empezaron a dar voces a la policía, dejen a la pobre señora que no ha hecho nada, con todos los rateros que hay y no les hacen nada y cosas así. Después de un buen rato parados entre el registro las discusiones, las dos veces pasó lo mismo. El autobús siguió y dejó allí a las señoras con la policía y sus grandes bultos. No se si serían o no de contrabando, tampoco me importa, pero da pena que esas señoras tengan que estar unos cuantos días de viaje, por esas carreteras mal durmiendo en los autobuses para si logran llegar a su destino ganar unos pocos soles si los ganan, no creo que si tienen que pagar los autobuses, su tiempo de varios días de ir y volver a Bolivia, les pueda quedar mucho dinero limpio. Si antes no les requisa la mercancía la policía.
Al mediodía llegamos al famoso río sin puente, el autobús se acercó a la orilla, donde la gente de los pueblitos cercanos aprovechan a vender fruta, comida bebidas…Que lio, que caos, un montón de gente con sus grandes bultos de contrabando o no, allí esperando a la barquita que cruza el río con 20 personas, va a un lado regresa a por más personas y bultos. Ahora después del último suceso, el barquito dispone de unos chalecos salvavidas. Entre cruzar todos los pasajeros y los bultos nos demoramos creo que por lo menos una hora. Continuamos el viaje. En el último puerto antes de Ayacucho a poco más de 50 kilómetros, estuvimos parados cerca de una hora, la carretera estaba en obras, esperando a que retiraran un montón de escombros y rocas, que obstruían la carretera, procedentes de las voladuras para arreglar el camino. Al pasar por los restos de las rocas, el bus como dicen acá bajó dos llantas, es decir pincho dos ruedas, que fueron cambiadas y por fin llegamos a Ayacucho, eran más de las 8 de la tarde. En el autobús coincidí con una francesa de 64 años que en los 9 que llevaba jubilada había recorrido todo el mundo, me sorprendió que llevaba de equipaje solo una pequeña mochila, como las del cole. Me contó que en Sucre, Bolivia, en un taxi la habían robado todo, solo la dejaron la ropa que llevaba puesta el pasaporte y 10 bolivianos al cambio más o menos un euro. Por eso su pequeño equipaje, tuvo que comprar todo de nuevo.
Sobre la Semana Santa en Ayacucho, me esperaba algo con más fervor religioso. Por supuesto que hay procesiones y misas, pero parece más una feria una fiesta que un acto religioso. Hay mucho turismo nacional, sobre todo de Lima. En todo el centro de la ciudad hay gente por todos los lados, vendedores de todo tipo de cosas, desde varios tipos de comida típica de la semana santa en Ayacucho, hasta los programas de la Semana Santa, hasta ropa, gafas, marionetas……
En ayacucho estuve tres días, que me resultaron interesantes, paseé por sus calles con ese ambiente festivo religioso, vi actuaciones de folclore. Una cosa que me gusto mucho son las “alfombras”. Las “alfombras” son una especie de cuadros con diferentes motivos religiosos o referentes a la cultura andina, las hacen en el suelo, por donde pasa la procesión, están hechas con pétalos de flores, arena y serrín de diferentes colores. Cada “alfombra” la hacen diferentes asociaciones, colegios, universidades, ayuntamientos hasta bancos y compañias de crédito para poner su publicidad, hasta en las precesiones ha llegado la publicidad.Son verdaderas obras de arte efímero ya que al pasar la precesión por encima se destruyen.
Antes de que terminará la Semana Santa en Achacuyo, el jueves Santo por la noche yo tomé un bus hacia Lima la capital del país. De Lima otro bus hacia Huaraz, desde donde os escribo ahora, un saludo y hasta pronto.
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