Haciendo Tiempo

Haciendo  tiempo (I)Hasta el 9 de marzo no puedo salir de Uzbekistán y entrar en Tayikistán. Por lo que tengo que hacer tiempo hasta entonces y es que a consecuencia del frío no pude montar en bici y fui más deprisa de lo que tenía pensado. Mi bici está lista en Samarcanda para cruzar la frontera, pero con el galimatías que es Asia Central con los visados y las fronteras -la pobre- y yo tenemos que esperar a nuestro reencuentro.

Después del bodorrio uzbeco abandoné Samarcanda y fui a Termiz. Tardé seis o siete horas en llegar. Atravesando pueblitos y paisajes de media montaña que me gustaron. Llevaba tiempo que el único paisaje que veía era llano o bien desierto o bien tierras de cultivo sobre todo de algodón, que en esta época del año es bastante feo.

Termiz es una ciudad situada al sur-este de Uzbekistán y en la misma frontera con Afganistán. No la dije nada a mi madre de que iba a Termiz, para no preocuparla en exceso, ya que últimamente la OTAN es su misión de paz en Afganistán está teniendo algún pequeño error causando varias victimas civiles… Esta proximidad de Termiz con Afganistán se nota antes de llegar a ella.

En todos los viajes que he hecho en Uzbekistán, me he encontrado con bastantes controles de policía, normalmente para a los buses o a los taxis colectivos, piden a sus ocupantes el pasaporte, revisan un poco el equipaje y les dejan continuar. Pero los controles de policía camino Termiz, fueron diferentes. Viajaba en una Marhurutka que es una pequeña furgoneta de la marca Daewo, donde caben 7 pasajeros, más el conductor, cada vez que nos pararon la policía ordenaba bajar a todos los pasajeros del vehículo, revisaban todo el equipaje y a mi por ser extranjero me pedían todas las regitraciones en Uzbekistán y me preguntaban bastantes cosas, que por qué iba a Termiz, que si era periodista, dónde iba a dormir….

Las registraciones son unos papelitos donde pone la fecha y en nombre del hotel donde has pernoctado en Uzbekistán. Son de herencia de la época soviética, para tener controlados a los turistas. Cuando abandonas el país te los piden y si te falta la registración de algún día puedes tener serios problemas con las autoridades uzbecas.

Estas registraciones me las pidieron en dos ocasiones y las comprobaron una a una, menos mal que tenía todo en orden. Yo por viajar en bicicleta sólo necesito estar registrado el 30% de los días, pero en esos momentos no tenía conmigo mi bici.

Haciendo tiempo (II)En Termiz estuve sólo una noche. No me gustó el ambiente. Todos me preguntaban que si era alemán, me imagino que normalmente los únicos extranjeros que hay por allí son alemanes, ya que en esta ciudad hay una base militar de la OTAN. Varios me dijeron “alemán, alemán” y me enseñaban fotos de chicas semidesnudas y me decían “euro, euro”. También me imagino que los militares después de sus labores humanitarias y de paz en las zonas tienen sus ratos de ocio.

En Termiz visité el rico y nuevo museo arqueológico, allí me ofrecieron un tour por la provincia de Termiz donde se visitan antiguos monasterios budistas, creo que era interesante, pero al ir yo solo se me salía mucho del presupuesto. Por tu cuenta visitar estos lugares es imposible ya que están en el campo y no hay autobuses, así que abandoné Termiz.

La siguiente ciudad donde estuve fue en Shakhrisab, en un pueblo a pocos kilómetros de allí nació Amur Timur, os acodáis? Os hable de él, en un post anterior.

Amur Timur es un personaje histórico importante en Uzbe, normalmente la calle principal de la ciudades lleva su nombre, en muchas plazas hay estatuas de él, en uno de los billetes del país esta representada la estatua que hay de Timur en el centro de Tashkent.

Hasta un español vino a ver a Timur, Enrique III, mandó a su embajador Ruy González de Clavijo a la corte de Tarmelan, para intentar crear con el una alianza contra los turcos. No se consiguió esta alianza Castellana-turca. Pero de este viaje, que duró de 1403-06, Clavijo -el propio viajero- dejo constancia en un libro titulado “Embajada a Tarmelan”

Shakhrisab es una pequeña ciudad que se ve que debido a que Timur era de allí, la embelleció con grandes monumentos y con un gran palacio, pero hoy en día de ese esplendor solo quedan ruinas.

Sólo hay dos hoteles en la ciudad y caros, pero yo encontré una familia que tiene una antigua y bonita habitación para algún turista que llega, como yo. La familia como las de aquí es extensa. Los dos abuelos, un hijo y su mujer, una hija y su marido y unos cuantos niños con edades comprendidas entre los 4 y los 12 años. La casa también como las de aquí, entras a un patio, con numerosos recovecos, habitaciones, cocinas, servicios, pero no se comunican entre ellos. Siempre para cambiar de habitación tienes que salir al patio.

Pasear por el bazar de esta ciudad me resultó gracioso y agradable. Muchos me preguntaban que de dónde era y nos intentábamos comunicar como podíamos. A otros les pedí permiso para fotografiarles, un matrimonio que vendía zanahorias me dijo que si les hacia una foto y se la mandaba. Les dije que sí. Fui a una tienda de fotos e imprimí 6 ó 7 fotos y se las llevé a la gente. No se me olvidará lo contento que se puso un pobre señor bastante mayor y ciego de un ojo cuando le entregué la foto donde salía el y su romana con la que se ganaba la vida pesando a la gente.

Pues seguiré haciendo tiempo y contándoos como hago ese tiempo.

Una boda en Samarcanda

Una boda  en SamarcandaDespués de pasar 3 ó 4 días en Samarcanda cogí un tren dirección Taskent la capital de Uzbe. Esta ciudad tiene unos 2′ 5 millones de habitantes, pero no da la sensación de ser tan grande, todavía no hay excesivo tráfico, tiene unas amplias avenidas, su metro, el único en Asia central, que funciona bastante bien…..
En la capital hice los trámites para obtener la visa de Kirgui, no fueron excesivamente complicados, si los comparo con los de Turkme, Uzbe y Tajis… En la puerta de la embajada había un cartel con los días y horarios de atención al público, que fueron bien cumplidos. No se necesita LOI(letter of invitation) solo rellenar un formulario, pagar 70$ y esperar una semana.
Sobre Tanskent os hablare en otra ocasión.
El Hijo del hotel donde estuve alojado en Samarcanda se casaba el domingo 21 y me habían invitado a la celebración. Así que el sábado cogí un bus en Tanskent que me llevo a Samarcanda.
Os preguntareis que como es una boda en Uzbekistan? por lo menos en la que yo estuve fue así:
Entorno a la s 11 de la mañana empezaron a llegar, poco a poco, los invitados del novio a su casa, o sea al hotel. Se fueron sentando a la puerta en sillas y bancos que anteriormente habían colocado. Cuando eran algo más de la 12 del mediodía, los hombres nos subimos a un autobús, las mujeres a otro y el novio a un elegante y potente coche… Fuimos a casa de los padres de la novia, las mujeres a la casa de enfrente. Allí nos estaban esperando en la puerta los invitados de la novia, que nos hicieron un pasillo de entrada en la casa. En el patio había sillas y mesas donde nos sentamos y nos sacaron un buen ágape. Al terminar de comer, al novio le vistieron con la túnica y el gorro típico de uzbe, encima del traje que llevaba. Empezó a sonar la música, los amigos bailan y cantaba delante del novio y así fueron hasta la casa de enfrente, donde estaban las mujeres. Entramos a una habitación, toda llena de alfombras tanto en el suelo como en las paredes. En una esquina, detrás de una especie de cortina, toda vestida de blanco se encontraba la novia. Los novios se colocaron juntos y dos mujeres mayores empezaron a cantar, hablar, les pasaban velas alrededor, les hicieron ofrendas que colocaron encima de una manta y la hicieron un arrullo. Todo este ritual duro poco más de 10 minutos.
Pasado esto los novios salieron juntos de la habitación, donde les esperaba el resto de la gente y la música. El novio salio a la calle, la novia se quedo en una esquina del patio, totalmente hirietica debajo del velo. Las mujeres se acercaban a ella, la besaban, aunque ella seguía sin moverse y la daban regalos, unas la regalaron alfombras, otra una plancha, otra una vajilla, otra una aspiradora….
Al terminar esta ceremonia los invitados del novio nos subimos otra vez al bus que nos llevo de vuelta al hotel, serian sobre las 3 de la tarde. A las 4 otra vez al bus que nos llevo a un restaurante a las afueras de la ciudad, donde nos juntamos unas 700 personas, muchas más de las que habían asistido a la ceremonia anterior.
A partir de aquí todo fue mucho más parecido a las bodas españolas, un gran salón, músicos, comida y bebida. Creo que para mucha gente un japonés y yo fuimos la atracción de la boda, mas que la de los propios novios. Mahumamet el padre del novio invito a todos los hospedados en el hotel, es decir a 4 japoneses y a mi. De los 4 japoneses solo asistió uno, los otros 3 no tenían tiempo, ya que tenían una apretada agenda de visitas a monumentos y a ciudades en sus escasos días en Uzbe.

No sabría decir cuantas veces di la mano y me la lleve al corazón diciendo salam maleco, creo que si había 700 personas por lo menos salude a más de 200. Salam Maleco ese bonito saludo de muchos países musulmanes, aunque no en todos se pronuncia igual, si que tiene el mismo significado la paz sea contigo. Al preguntarme de donde era y al contestar España ya sabéis no? Real, Barsa…..y muchos me llamaban Raúl González.
La primera parte de la boda fue la más interesante para mí, donde vi como es una boda uzbeka. La segunda parte fue muy parecida a las españolas, pero vi algo que me sorprendió, al terminar de comer-cenar unos cuantos invitados sacaron grandes bolsas fueron llenándolas con la mucha mucha comida que había sobrado y estaba encima de la mesas. Creo que es una práctica habitual por las necesidades de los uzbekos y el derroche de todo en un evento de estas características.
Os preguntareis que como fui vestido, pues con las zapatillas el pantalón y el jersey de todos los días desde que comencé mi viaje, los únicos que tengo y la desaliñada barba de ya casi 3 meses. Al principio pensé, según son de elegantes en este país y yo con esta ropa, como voy a ir de boda… Pero la gente fue mucho menos arreglada de lo que yo pensaba, el único que llevaba corbata era el novio, la novia la única que llevaba un elegante traje. Los jóvenes muchos con chaqueta y vaqueros pero no llevaban corbata, los mas mayores con pantalones y chaqueta, la mujeres muchas de ella con los trajes típicos de uzbe. Además aunque hubiera ido vestido -de boda- creo que el japonés y yo hubiéramos llamado igual la atención
Así fue mi boda Uzbeka.

Mi equipaje

He leído un comentario, que me sugería que explicara las cosas que llevo conmigo para mi viaje. Como no es el primero ni último que me lo pregunta, este es mi equipaje: -Dos alforjas traseras. -Una mochila pequeña. -Una bolsita que se acopla al manillar de la bici. -Una bolsita que se acopla al sillín de la bici (para llevar herramientas) Las cosas que llevo dentro: Saco de dormir, que por ser de montaña tiene un tamaño considerable; saco sábana; tienda de campaña; estrella; unas zapatillas; unas zapatillas de ciclismo; chanclas; 6 ó 7 calzoncillos; 6 ó 7 pares de calcetines; 6 camisetas de manga corta; cullote largo; cullote corto; maillot; manguitos; un forro para la montar en bici; un forro para la calle; un pantalón para la calle; un pantalón térmico, interior; un pantalón chubasquero para la bici; chubasquero, para la bici y calle; abrigo para la bici y calle; guantes; braga; gafas de sol. Bolsa de aseo: Toalla; cepillo de dientes; jabón; cortaúñas; Accesorios: mapas; frontal (linterna); bolígrafos; cuadernos; navaja; cámara de fotos; 2 baterías, cargador, cable de la cámara; disco duro para almacenar las fotos; tarjetas de crédito; pasaporte; reflectantes; guía (ahora Lony Planet, Asia Central) Para la bici: dos bidones de agua; bomba; dos cámaras de repuesto; candado; cubierta plegable; aceite; parches; trocha cadenas; eslabón universal; trozo de cadena; kit de herramientas; centrador de radios; desmontables. No sé si se me olvida alguna cosa, pero creo que llevo lo mínimo que se puede llevar para un viaje de estas características. Ya llevo 70 días de viaje y todos los días me he puesto el mismo pantalón y los mismos jersey. Os preguntareis, ¿no lo lava nunca? El pantalón lo he lavado dos veces y el jersey 2 ó 3 veces. Al principio en Turquía alguna vez con mi compañero Diego hicimos la colada, en alguna lavandería. Por los siguientes países que he pasado no hay lavanderías, así que a mano, normalmente en el lavabo de los hoteles. Como generalmente tanto en Irán, Turkmenistán y ahora aquí en Uzbekistán tienen buenas calefacciones, lo lavo antes de dormir y encima de los radiadores se suele secar para el día siguiente. La ropa interior la lavo con mucha más frecuencia, ya que tengo de repuesto. Otra cosa que llevo es un libro que compré en Pergama, que lo he terminado hace mucho y por más que he buscado nunca he encontrado otro en español para cambiarlo. Espero que te haya contestado a tu sugerencia.

¡Ya en Samarcanda!

Sí, ya estoy en Samarcanda, os contare como ha sido mi viaje hasta aquí. De Kiva volvía a Bukara en taxi colectivo, pase allí dos noches. Aunque el frío todavía era helador, me auto convencí, que podría hacer los mas de 300 kilómetros entre Bukara y Samarcanda en bici. Serian unos 3 o 4 días, sabia que serian muy duros, pedalear con temperaturas bajo cero y tener que acampar, en todo el recorrido no hay hoteles, con lo que esto supone, que la ropa mojada por el sudor, no se seque para el día siguiente y pasar mucho mucho frío. Pero mis ganas de pedalear y el pensar que algún día tendría la suerte de que algún lugareño me diera posada, porque aunque no hay hoteles si hay pueblos, me llevaron a intentarlo.

Salí de Bukara bien abrigado, el frío encima de la bici era indescriptible. Cuando llevaba unos 5 kilómetros pedaleando y empezaba a salir de la ciudad, me tope con un control de policía, me pararon y me dijeron que no podía continuar en bici, alegando lo que yo ya sabia, que hacia mucho frío, que no había donde dormir y que la carretera estaba helada. Me subieron a su coche y me llevaron a la vozkal (estación de tren). Allí cogí un tren y en poco mas de tres horas llegue a Samarcanda, lo que tenía previsto hacer en tres o cuatro días lo hice en unas horas.

La Vozkal de Samarcanda esta situada a unos 6 kilómetros del centro de la cuidad. Este recorrido si que lo hice en bici. Todas las calles de la cuidad estaban cubiertas con una gruesa capa de hielo, algunos coches circulaban con cadenas, vi un termómetro que marcaba 8 grados bajo cero, a pesar de que eran mas de la 12 de la mañana y brillaba el sol. Llegue al centro de la ciudad en bici, algo es algo ¿no? Me dirigí al hotel que me habían recomendado en Bukara, el dormir en el cuesta 20.000 sum unos 10 dólares e incluye cena y desayuno. La verdad que no esta nada mal, aunque por el frío esta vacío, solo dos jóvenes estudiantes japonesas y otro japonés con el que ya había coincidido en bujara, en Japón ahora son vacaciones. Comparando con otros hoteles de Samarcanda es barato, ya que el resto tiene precios casi europeos donde dormir cuesta más de 50 dólares.

Dicen de esta ciudad que es una de las más antiguas del mundo aun habitadas con más de 2700 años de antigüedad. En el año 329 a.c. fue conquistada por Alejandro Magno, que dijo sobre ella -todo lo que había oído sobre Marankanda (Samarcanda) es verdad, excepto que es mas hermosa de lo que había imaginado. En el siglo VIII fue sometida al control árabe. En ese mismo siglo surgió la primera fábrica de papel del mundo islámico, de donde paso a Europa, gracias a unos chinos que fueron hechos prisioneros en la batalla de Talas y revelaron el secreto del papel.

Fue la llave de entrada de china, cuando la Ruta de la Seda gozaba de gran esplendor. La belleza de Samarcanda no paso desapercibida a Marco Polo que quedo fascinado al llegar a la ciudad. En el siglo XIII fue destruida por Gengis Khan. Volviendo a resurgir su hermosura en el siglo XIV, cuando Timur, Tamerlan para los europeos, decidió hacer de Samarcanda la capital de su extenso imperio que abarcaba desde la India a Turquía.

A mi personalmente Samarcanda como ciudad me ha defraudado un poco, claro que tiene unos monumentos excepcionales, pero como conjunto para mi gusto le falta algo. De esa ciudad que sorprendió a Alejandro y a Marco Polo, poco queda por no decir nada. Lo que queda son los monumentos del imperio Turminida. Su monumento emblemático es el Registan, es majestuoso, con sus edificios, sus formas, sus bonitos y coloridos azulejos, sus mirantes, los contrastes de colores que hace la luz al reflejar en el…. Además del Registan cuenta con bonitas mezquitas, como la de Bibi- Kohnjon, el mausoleo de Timur donde se encuentra su tumba y la de dos de sus hijos y dos de sus nietos.

No quiero que se mal interpreten mis palabras, por supuesto que estos monumentos son impresionantes e indescriptibles, pero lo que no son monumentos es decir el resto de la ciudad es normal. También puede ser que tuviera las expectativas muy altas sobre esta ciudad, no lo se.

Una zona por la que me gusta recorrer es el mercado, el bazar, con su bullicio a pesar del frío, ya que es abierto tiene un techo alto pero no paredes. Aunque no vaya a comprar nada me gusta recorrerlo. Todo lleno de gente, sus estoicos vendedores que aguantan el frío como pueden. Sus puestos de pescado, de río, que no se si esta fresco o no, ya que esta congelado por la temperatura ambiente, lo mismo pasa con la carne, los vendedores de pan, de pipas y cigarrillos, de fruta, de ensalada….Todos los hombres con sus gorros estilo ruso, las mujeres con sus largos y coloridos abrigos de lana.

En centro Asia he vuelto a ser extranjero, muchos piensan que soy árabe, iraní o incluso pakistaní. Me preguntan Where are you from? Sapnya contesto y normalmente lo de siempre, Real Madrid, Barcelona y en esta zona Raúl González. Es impresionante lo que ha conseguido el fútbol español en el mundo, que España sea conocida. Me resulta muy gracioso verles reír, a muchos no les queda ni un solo diente suyo, y se los ponen de oro, imaginaros ver esas caras redondas llenas de dientes de oro los de arriba y los de abajo.

Llevo un par de días, preguntándome Que voy hacer? continuar en bici es prácticamente imposible. Tenía pensado llegar hasta la capital, recorrer el valle del Fergana y entrar a Tajikis por Kokand. Pero esto no es posible, debido al frío. Así que creo que lo que haré, será dejar la bici en Samarcanda, hacer el trayecto en bus y entrar el tajis por aquí por Samarcanda, la frontera esta a unos 100 kilómetros, eso si haga lo que haga tengo que entrar el día 9 de marzo. Espero que para esa fecha el tiempo sea algo mejor.

A veces os hablo de nombres de ciudades, de pueblos y lugares como si los conocierais, pero creo que si queréis saber donde me encuentro tendréis que recurrir al atlas o a Internet, pero no os preocupéis, a mi antes estos nombres tampoco los conocía. Pero bueno así aprendemos algo de geografía ¿no?

Salam Uzbekistán (Hola Uzbekistán)

Abandoné Turkmenistán y llegué a Uzbekistán después de pasar la noche en la casa de mi familia turkmena. ¡Qué familia! Acogedora, hospitalaria, agradecida, con ganas de aprender y comunicarse conmigo… Siempre les estaré agradecido. Y de Turkmenistán, ¡qué decir! Ese país tan desconocido para el resto del mundo, donde hay un policía en cada esquina con cara de pocos amigos, pero donde también hay gente encantadora, la prueba esta en mi familia turkmena.
A la primera ciudad uzbeca que llegué fue Bukara, donde pasé dos noches en la pensión-casa de Madina e Ylios, un joven matrimonio que debido a la falta de trabajo en Uzbekistán comparte casa con algún turista para poder ir tirando. A pesar del frío y de la nieve, pasear por esta ciudad, con tanta historia a sus espaldas, me resultó fascinante. Toda la ciudad -la antigua- está rodeada por una muralla de barro, bien conservada, y pude visitar sus madrassas, mezquitas, sus minaretes sus gentes, sus bazares…
Como había una ola de frío y continuar con la bici hacia Samarcanda, era prácticamente imposible, dejé mi bici en Bukara y me dirigí a Kiva. Kiva es otra de esas 120 ciudades, legendarias de la Ruta de la Seda de Uzbekistán junto a Sarmancanda y Bukara.
Casi no os he hablado de la Ruta de de la Seda, y el titulo de mi blog es “A pedales por la Ruta de la Seda”. Esta ruta era una red de rutas comerciales entre Asia y Europa, que iba desde la actual Xian en China a Estambul en Turquía. Su nombre fue puesto a posteriori, por un geógrafo alemán en el s iglo XIX. Ya que la mercancía mas prestigiosa que circulaba por ella era la seda, pero no era la única, también se comerciaba con piedras y metales preciosos, lana, lino, ámbar, marfil, especias, vidrio… Nadie hacía todo el recorrido entero, si no partes. No os penséis que actualmente esta ruta, es tipo el camino de Santiago o algo así, no hay ni un sólo cartel que la señalice ni nada parecido.
Kiva esta situada a unos 600 kilómetros al noreste de Bukara. Para llegar desde Bukara, la única forma es en taxi colectivo, ya que la carretera está cerrada a los autobuses, porque es invierno y hay mucho hielo en el asfalto pudiendo ser peligrosa. Un taxi colectivo, es un taxi que compartes con otras personas. El coste es de 25.000 sum, por asiento, unos 12 dólares en el mercado negro, y casi 7 horas de viaje.
En Uzbekistán esta más cotizado el dólar en el mercado negro que en los lugares de cambio oficiales. Si cambias un dólar por sum en los sitios oficiales te darán 1 dolar = 15.000 sum, si lo cambias en el mercado negro te darán como máximo 1 dolar = 2.150 sum. Digo como máximo ya que no está reglado, y ahí está tu audacia y la audacia de
los –siempre listos- cambistas para engañar a la gente.
Busqué un taxi colectivo y para Kiva. Atravesamos todo el desierto de Kizil-kum que es continuación del desierto que atravesé en Turkmenistán ¿os acordáis? El Karakum. La carretera, más que carretera parecía una pista de patinaje, toda llena de hielo menos una pequeñas rodadas. El paisaje ¡espectacular! Desierto y más desierto hasta donde te alcanzara la vista. Pero un desierto distinto a los que hasta ahora había visto. Con algo de vegetación, unos arbustillos que no levantan mas de 30 centímetros del suelo, completamente recubiertos de hielo haciendo esto todavía má bonito el paisaje. Con el paso de los kilómetros, como es lógico, íbamos hacia el norte, más frío y más hielo. En todo el trayecto ni pueblos, ni animales, ni tierras de cultivo. Sólo de vez en cuando veíamos controles policiales, dónde nos pedían el pasaporte a los ocupantes del taxi, revisaban un poco el maletero y nos dejaban continuar. Estos policías no son como los polis iraníes, son serios y rudos.
Después de más de seis horas de viaje llegamos a Kiva. ¡Qué frío! encontré un hotelito, situado en el mismo corazón de la ciudad, muchos hoteles estaban cerrados. No hay nada de turismo. ¡A ver con menos 35 grados! Sí, habéis leído bien, 35 grados bajo cero hizo una de las noches que pasé en esta ciudad. El Hotel se llamaba Mirzoboshi y el propietario Rastad, un hombre de unos cincuenta y tantos años con el que hice muy buenas migas.

Rastad hablaba un perfecto inglés. Al poco de conocerle, le pregunté, que si había mucha diferencia de forma de vida antes de 1991 cuando Uzbekistán pertenecía a la antigua U.R.S.S, con la vida actual. !Vaya pregunta le hice! se puso serio y me contestó: “te voy a ser sincero, me gusta la gente como tú, que tiene interés por mi país, no como los otros clientes que tengo ahora en el hotel, que son japoneses, aunque educados, parece que sólo les interesa Uzbekistán nada más que para hacer fotos. La verdad que yo vivo bien. Antes era ingeniero y trabajaba en lo que había estudiado y en lo que me gustaba. Mi trabajo me permitió viajar y conocer muchos sitios, trabajaba para el estado. Ahora y gracias a que la familia de mi mujer tenían esta antigua casa en el centro de Kiva, que transformé en hotel, me va bien no me puedo quejar. Mis dos hijos mayores estudian en Taskent (capital de Uzbekistán) se lo puedo pagar y a mi hija pequeña cuando tenga edad, si sigo así también la podré pagar sus estudios. Pero echo de menos mi antiguo oficio. Si miro a mí alrededor las cosas están mucho peor. Antes el 10 % de la población vivía muy bien, el 90% vivían, eso de que en la U.R.S.S. no había clases sociales era mentira. Actualmente el 10 % de la población vive muy bien, el 20% de la población vive y el 70 % malvive. Antes nadie tenía la necesidad de emigrar. Ahora los que pueden se van del país. Antes el que quería y valía podía estudiar: era todo gratis, ahora solo pueden estudiar, los hijos de unos pocos”. 
Esta conversación se alargó más de una hora. Bueno conversación, prácticamente sólo hablaba él, de vez en cuando me decía: Undenstard me? (¿me entiendes?) y continuaba hablando.
Los días en Kiva los pasé entre pasear por la ciudad, caminaba un rato, con solo quitarme un guante para hacer una foto la mano se me quedaba totalmente helada. Otro rato en el hotel, cai, charla con Rastad, paseo, charla, cai…
Kiva como ciudad me dejó alucinado. Sus calles parecen un auténtico museo. Está situada en pleno desierto, al lado del Delta del Río Amu- Dari fue un paso importante de unos de los ramales de la Ruta de la Seda, la que venia del Volga hacia Asia Central.
Toda la antigua ciudad está rodeada con una muralla de barro. En el interior de esta muralla conviven esplendidas madrassas, mezquitas, mausoleos, miranetes, con antiguas casas señoriales destinadas hoy en día para el turismo o bien hoteles o restaurantes, con casas muy muy humildes en las que, incluso, guardan el ganado en ellas. Por lo que andar por sus calles, a pesar del frío y el hielo acumulado, imaginando su época de esplendor, con sus caravanas de camellos llegando después de atravesar los inhóspitos desiertos, sus mercaderes, sus sabios…
Subir al mirante del Jodzha con más de 50 metros de altura, contemplar los mosaicos de azulejos, con sus colores verdes turquesa, azules…
Aquí estuve hasta el domingo, y hoy lunes cuando leáis estas líneas debería estar volviendo hacia Bukara, para continuar mi viaje hacia Samarcanda.
Ya os contaré cómo ha sido el viaje de vuelta… seguro que con mil y una aventuras como está siendo esta Ruta de la Seda en bicicleta.

¡Salam, Saghbol Turkmenistán!

¡Hola y adiós Turkmenistán!

Turkmenistán, según dicen, es uno de los países mas cerrados al exterior del mundo y junto a Corea del Norte los dos países donde menos se respetan los derechos humanos. Los dirigentes de este nuevo país no quieren turistas, sólo dan visa de tránsito, para la visa de turista debes de contratar un viaje en una agencia e ir todo el tiempo acompañado de un guía.

Entrar en Turkmenistán, no me resultó complicado. Sellé en mi pasaporte la salida de Irán, entré en Turkmenistán, pagué 12 dólares, rellené el formulario de declaración de bienes y los policías eran más o menos amables. Uno se empeñó en montar en mi bici, ¡qué remedio le tuve que dejar!. Por momentos pensé que se caería, ya que con las alforjas es algo más difícil manejar la bici y al policía no se le veía muy buen conductor de bicicletas, hacía muchas eses entre las mesas, las cintas de revisión de equipajes, la gente. ¡Qué espectáculo! Todas las personas que estaban en la aduana mirando al policía montado en mi bici. Yo allí el único turista, los demás camioneros. Menos mal que enseguida se cansó y me devolvió mi bici.

Salí por la puerta del edificio, me monté en la bici, y pensé: “25 kilómetros de bajada, ¡a disfrutar! que ayer ya subí bastante”. Pero un policía que estaba por allí, me dijo que no podía ir en bici, que tenía que esperar a un autobús oficial. Le insistí, “no money for bus, please” (no tengo dinero para el bus, porfavor….). Pero estos policías no son como los iraníes, ni los turcos, son serios e implacables. Así que no me quedó otra que esperar al autobús oficial, que me cobró unos 25 dólares por 25 kilómetros de trayecto y encima de bajada. Me dejó en otra especie de frontera donde, de nuevo, tuve que enseñar el pasaporte.

Tras 10 kilómetros llegué a Ashbagat. ¡Qué ciudad! No he visto capital parecida de ningún país. En 1948 sufrió un terremoto que destruyó prácticamente la antigua ciudad. Murieron 150.000 personas, unos dos tercios de la población, por lo que toda la ciudad es nueva. El centro tiene gigantescos e impresionantes edificios de mármol blanco decorados con color dorado, con unas avenidas muy anchas. Al lado de este centro o incluso intercalado entre él, hay edificios rectangulares de la era soviética, todos iguales sin ninguna estética, ni fea ni bonita, basados solo en la utilidad. Casas iguales para los obreros.

Los grandes edificios de mármol están todos destinados a la burocracia del país, los ministerios, los palacios presidenciales, más ministerios, archivos, varios teatros… Al ver todos estos edificios, me preguntaba ¿cuánta burocracia necesita este país? Con una población que no supera los 5 millones de habitantes aunque sea muy extenso de tamaño.

Todos estos grandiosos edificios fueron construidos gracias al dinero obtenido de las exportaciones de gas y petróleo, y en la era del omnipresente Saparamt Niyazov. En cada esquina hay una estatua suya, doradas por supuesto. En el centro de la ciudad una especie de cohete espacial, coronado con una gigantesca estatua de Niyazv, con los brazos abiertos y que va girando poco a poco. Niyazv fue el presidente de Turkmenistán desde 1985 cuando todavía era un estado de la antigua U.R.S.S. hasta que murió en 2006, pasando por la fase de independencia en 1991.

En contraste con la burocracia, los obreros, creo que desde que se construyeron sus casas hace unos 60 años no han sufrido modificación alguna, dando una sensación de dejadez y deterioro. Me equivoco, sí que han sufrido alguna modificación, raro es la casa que en alguna de sus ventanas no hay una gigantesca antena parabólica.

Imaginaros que contraste me supuso salir de Irán y de repente encontrarme en Ashgabat. No solo por el tipo de construcciones, sino por la ordenación de las ciudades. Irán, caótica, ruidosa, sin orden ni control. Tráfico por todos los lados, cada uno aparca, circula, cruza las calles, vende sus productos donde puede o como le dejen los demás. Nadie le recriminara por cruzar la calles con el semáforo en rojo, sacar la mitad o más de la tienda en la vía publica, circular por dirección prohibida… En Ashabat las cosas no son así. Hay orden y control. Nadie tira un papel al suelo, nadie se salta un semáforo e incluso los coches paran en los pasos de peatones, es más, ví a un policía que multó a un ciudadano que cruzaba una calle por medio y no por el paso de cebra.

Aparte de estas diferencias me gusto encontrar en Turkmenistán algo de variedad. En Irán son todos iguales, morenos, visten más o menos igual, los mismo rasgos faciales, las mujeres más o menos, pero todas tapadas. En Ashgabat hay una increíble mezcla: rubios, morenos, rasgos más asiáticos, vestidos super modernos o con trajes típicos del país… La verdad que no me esperaba esta mezcla, pero me gustó.

(II)
¿Por qué hola y adiós Turkmenistán? Porque mi visa era solo de tránsito, esto significa que debía atravesar en país en 5 días y 4 noches. Estudié el mapa, para ver cómo hacerlo. Desde Asghbat hasta la frontera con Uzbekistán había más de 600 kilómetros. Imposible en 4 días de pedaleo. Decidí que al día siguiente me levantaría temprano cogería un bus hasta Mary y de allí en bici hasta la frontera.

Pero el día 6 de febrero amaneció lloviendo a todo llover. Me quedé otro día más en la extraña ciudad de Asgabat. El día 7 madrugué y aunque hacía mucho frío no llovía. Cogí un bus, bueno una furgoneta, hasta Mary. Durante todo el trayecto estuvo lloviendo, medio nevando, el paisaje -aunque no he estado en Siberia- era siberiano. Cuando llegué a Mary pensé que con este tiempo era imposible atravesar los 300 kilómetros por el desierto de Karakum. Comí en Mary con el chofer de la furgoneta, después me llevó al lugar de salida de las furgonetas para Turmenabat, la ultima ciudad grande de Turkmenistán, antes de llegar a la frontera con Uzbekistán. Me dijo que el chófer de la furgoneta era su amigo, que me fuera con él y que durmiera en su casa y al día siguiente cruzara hasta Uzbekistán.

Después de tres horas de espera en Mary salimos dirección Turmenabat, ya que este transporte no tiene horarios, sino cuando se llena y la competencia entre furgonetas es muy fuerte.

Atravesamos los 300 kilómetros de desierto ya de noche entre frío y nieve. Llegamos a Turkmenabat, donde se bajaron las 6 personas que iban en la furgo, yo continué con el chófer hacia su casa.

Su casa estaba en un pueblito cercano a la ciudad. Allí pase la noche en casa de Mustarrad y con su familia. ¡Qué familia! En la casa vivían, Mustarrad y su mujer Sultana, un hijo de ellos, la nuera y dos nietos. 

Al llegar nos estaban esperando para cenar, ¡cómo no!, en el suelo encima de alfombras. La comida estaba compuesta por una especie de patatas a lo pobre, yogur, ensalada de pimientos, pan y te… y la verdad es que cené muy bien, pero no paraban de insistir que comiera más y más.

Los nietos Serval una niña de 8 años y su hermano Iván de 13, sacaron el libro de inglés con el diccionario inglés- turkmeno-ruso, y allí en la sobremesa, bueno en el sobresuelo, estuvimos un buen rato. Entendiéndonos lo que podíamos.

Este matrimonio tenía dos hijos más: una era militar y otro había emigrado a Estambul. También me decían que añoraban la época rusa, aunque se sentían turkmenos, me comentaban que cuando eran rusos, eran pobres, igual que ahora, pero que no les hacia falta el dinero, ya que tenían todo gratis: la escuela, la casa, la luz, el gas, la comida…y que ahora lo pasan muy mal ya que esta todo carísimo.

Aparte de ser pobres se les veía una familia muy feliz y unida. Sobre todos los abuelos que tenían una cultura general muy amplia. ¡Qué ganas tenía toda la familia de enterarse de cosas sobre España, Europa…!

Mustarrad antes trabajaba en una fábrica, no sé de qué, pero ahora era taxista. Todos los días hacía el recorrido de Turmenabat a Mary de ida y de vuelta, salía a las 8 de la mañana y regresaba, dependiendo de la suerte que hubiera tenido en llenar la furgoneta, a las 8, las 9 ó 10 de la noche.

La casa me dijeron que se le dieron los rusos, con una entrada en medio, amplia, donde dejó la furgo. A cada lado de esta entrada, una especie de habitaciones, la del lado derecho la tenían cerrada, todo la familia vivía sólo en el lado izquierdo. Al fondo, había un gran patio, dedicado a huerta, aunque ahora no había nada sembrado, porque es invierno.

Todos lo miembros de esta familia, vivían en dos habitaciones, una para los abuelos y en otra el hijo, la mujer y los dos niños. Una humilde cocina, un salón, con un mueblecito dónde estaba la tele, lo demás, alfombras. Alrededor de su casa había más casas completamente iguales, la misma distribución, el mismo tamaño…..

Qué buena familia, aunque se les veía con sueño, creo que ninguno se quería ir a dormir, para estar allí con su huésped. A la una de la noche, dijeron que se iban a dormir, la abuela Sultana me quería dejar la cama de los abuelos, yo la dije que no, pero ella insistía, la dije que dormía en el salón, menos mal que accedió, sino me habría sentido muy incomodo al “quitar” la cama a los abuelos.

Así que me sacaron una especie de colchoneta y dormí en medio del salón. La verdad que con una lengua tan diferente, una cultura tan diferente, me sentí como en mi casa. Nunca se me olvidará, esa sobremesa –vamos, sobresuelo- que pasé con mi familia Turkmena.

Por la mañana, desayunamos en el suelo, se despidieron con fuertes abrazos y apretones de manos. Parecía que era uno más de su familia que se iba por mucho tiempo, y la verdad que sólo pasé unas horas con ellos. Mustarrad me llevó a la frontera.

¡Adiós Irán! (II)

Hay una cosa que os quiero contar y que en su día no pude por motivos obvios. Fue en Marand, el tercer día de mi estancia en Irán. Estoy casi seguro de que tuve un encuentro con la policía secreta iraní pero no lo sé a ciencia cierta, ni lo sabré.
Os diré cómo fue: llegué a Marand, dejé la bici y las cosas en la pensión y salí a pasear por la ciudad. Entré en un pequeño bar y tome un bocadillo. El camarero, que prácticamente no sabía inglés, me empezó a preguntar lo típico, que de dónde era, que si el Real Madrid, que si el Osasuna… A toda la gente que entraba en su establecimiento les decía que yo era español y , por lo general,  todos me daban la mano y me saludaban diciendo: “Welcome…” (Bienvenido).

En un momento, uno de estos clientes me dijo que iba a llamar a un amigo que sabía inglés. Yo ya noté algo raro ya que marcó un número en su teléfono, habló y escribió en un papel otro número, al cual llamó. “Si fuera su amigo tendría su numero ¿no?”, pensé. Entonces me pasó el teléfono y se puso al habla una persona que me dijo que esperara donde estaba, que él iría allí para hablar conmigo en inglés.
A los diez minutos apareció esta persona con la que había hablado por teléfono, superelegante, con una carpeta bajo el brazo. Charlamos un poco y al rato me dijo que fuéramos a la tienda del señor, el que le había llamado por teléfono. No me quedó otra que acceder. Al entrar en la tienda, que era de material de fotografía, ya no me empezó a gustar la situación. No sólo tenía la foto oficial, y obligatoria en  los lugares públicos iraníes, de Jomeini y Khameini sino muchas más fotos de ellos y de todos los guardianes de la revolución.
Sacaron té y bombones y una cámara digital que pusieron a grabar. Yo les insistí que por qué grababan.  Me contestaban que para conocer mejor España. La situación no me gustaba ni un pelo pero no podía escapar de ella… De conversación se pasó a interrogatorio: “¿Qué piensas de Irán?”, me decían. Yo contestaba: “The irani’s people is very good” (“La gente iraní es muy buena”), y ellos insistían con preguntas sobre el presidente y yo contestaba “I don’t know, I don’t meet” (“No lo sé, no lo conozco”), y volvían a preguntar lo mismo y yo contestaba igual forma.
Total que, al rato,  terminó la conversación y el interrogatorio. El señor superelegante se despidió y se fue. La verdad que yo no había hecho declaración alguna que me pudiera comprometer. No había dado mi nombre aunque sabía que para ellos sería muy fácil conseguirlo con sólo con ir al hotel y ver el registro. También es verdad que esa noche dormí intranquilo.

Cuando posteriormente fui a extender, prolongar,  mi visa me acordé de lo sucedido y pensé, “cuando metan mi nombre en el ordenador aparece <<espía>> y estos cabrones me detienen”, pero no pasó nada. También pensé lo mismo al salir, el otro día, de Irán y al sellar el pasaporte, pero tampoco pasó nada.

En fin, este suceso se queda en mi viaje como una simple anécdota. Lo que no se me va a quedar de mi viaje por Persia como una anécdota, sino que se me quedará en el corazón, es el pueblo iraní que es el que sufre la situación política y social y  el embargo económico de los países occidentales; el presidente y los clérigos no lo sufren ni lo sufrirán. Así que, gracias pueblo iraní por vuestra hospitalidad, amabilidad y welcome con el extranjero.