Apeados de nuestros sueños

En Osh, la segunda ciudad de Kirguizistán pase un par de días, dejé mi bici y me fui a Biskhek la capital de país, para tramitar los visados de los siguientes países que tenía pensado visitar: China y Pakistán. La capital a pesar de las revueltas del día 7 de abril estaba tranquila aunque a mi paso, me encontré algún edificio público quemado, además muchos establecimientos del centro de la ciudad tenían las lunas rotas y permanecían cerrados. Por lo demás la ciudad estaba en orden.
Fui a la embajada China, no les dije nada de que viajaba en bicicleta sólo que quería ir a visitar su país, porque yo ya sabía que en Xinjiang, la región china que linda con Kirguizistán, no quieren turistas y menos “turistas” como yo que no tienen unas visitas programadas sino que simplemente se encuentran recorriendo el país de una lado a otro. Me dijeron que necesitaba una reserva de avión, la reserva de cuatro noches de hotel y una carta de invitación.
La carta de invitación me la tramitó una agencia y tuve que pagar por ella 50 dólares, las otras dos peticiones me las hicieron en la agencia sin coste adicional. Mientras me hacían estos papeles fui a la embajada de Pakistán. Allí me pidieron una carta de invitación de mi embajada, les comenté que no había embajada española en Kirguizistán, me dijeron que me valía una de una embajada de la U.E.
Fui a la embajada alemana, después de dar que toda clase de explicaciones a un policía alemán de casi dos metros de altura, me dejó pasar. Una funcionaria de la embajada me dijo que no hacían ese tipo de trámites, así que me dirigí a la embajada francesa, donde me hicieron la carta.
Al día siguiente me presenté en la embajada pakistaní, con todos los papeles, fotocopia del pasaporte, la carta, una foto mía… Entregué los papeles a un secretario, que me dijo que esperara que iba a entregar los papeles al cónsul para que los firmara. Esperé unos minutos y de repente apareció el cónsul que se puso como un loco a darme voces en un inglés con un acento muy raro. Para mi sorpresa me dice que no me daba la visa porque no quería.
Añadió que si quería la visa que le llevara una carta de la embajada de mi país, la española, así que le repliqué que en Kirguizistán no hay embajada española, a lo que contestó que ese era mi problema y no el suyo. Si estaba poco sorprendido, lo que añadió a continuación me dejó helado: que así tratábamos a los pakistaníes en España y que así me trataba él a mí.
Salí cabizbajo y humillado de aquella embajada. Busqué un internet, entré en mi correo y para mi suerte estaba conectado uno de los dos asturianos que hicieron una ruta parecida a la mía el año pasado. Le expliqué lo sucedido en la embajada. Me dieron una posible solución: ¡podía sacar la visa en el primer pueblo grande de Pakistán! Me comentaron que sería más cara, pero que era posible. Esto me dejó más tranquilo…

Al día siguiente recogí los papeles en la agencia que me solicitaron en la embajada China y me fui para allá. Después de esperar un buen rato, me dijeron que volviera a las 4 de la tarde.
Fui a las 4, espere tres horas, pero los ordenadores no funcionaban no había electricidad. Me dijeron que fuera al día siguiente que era sábado, a las 10 de la mañana. A las 10 de la mañana allí estaba, hablé con unos y con otros, pero me decían que no querían mochileros, sólo viajes organizados. Yo les insistía, pero ni se dignaban a mirarme la cara, directamente pasaban de mi.
Por fin me dijeron que volviera el lunes. Allí fui lo mismo de siempre: “visa no” sin dar ninguna explicación, ni motivo. Me dijeron que no me la iban a conceder nunca, así que otra vez humillado por su forma de tratar a la gente salí de la embajada. Así que después de ir a Bishkek y tres o cuatro veces a la embajada China no me concedieron el permiso de entrada.
Volviendo al título de este artículo, Apeados de nuestros sueños, me siento así: apeado, por la estricta burocracia china, apeado de mi sueño: recorrer la carretera del Karakorum en bicicleta. ¿Por qué el título es en plural? Pues porque muchas burocracias, no solo la china, apean a las gentes de sus sueños.
Mi sueño, mi ilusión el de viajar, reconozco que es un sueño privilegiado sólo lo pueden realizar las personas de lo que llamamos Primer Mundo, las del Tercer Mundo aunque tengan el mismo sueño no lo pueden realizar por razones obvias: las económicas.
Pero el sueño, la ilusión de muchas personas de esos países denominados del Tercer Mundo, también son apeados en no pocas ocasiones por las diferentes burocracias de los países denominados del Mundo Desarrollado.
Son sueños, no privilegiados como puede ser el mío, sino sueños de escapar de la pobreza, de la exclusión, de la represión. Sueños por buscar una vida mejor o una vida digna, sueños para poder dar a sus hijos lo que ellos no tuvieron comida, sanidad, educación…
Pero mi sueño, privilegiado, como el sueño de muchas otras personas no privilegiado, quedan rotos por las burocracias, las fronteras las vallas de los diferentes países. ¿No hay suficientes fronteras naturales? Ríos, montañas, océanos, desiertos, selvas…
La verdad que no me queda otra opción que abandonar el país en avión rumbo a España, apeado por los chinos. Con tristeza termina mi viaje, no habían podido conmigo las nevadas, el frío, el viento, los ríos… y pueden conmigo las embajadas, las fronteras, los visados y la irracionalidad de algunas decisiones. Pero esto era uno de los riesgos de este viaje y podía suceder en cualquier momento. Ahora que empezaba el buen tiempo.
Como soñar, de momento, es gratis, cualquier día tengo otro sueño agarro mi bici y me lanzo a realizarlo. Gracias por haber formado parte de mi aventura. Un saludo

Anuncios

Adiós Pamir

Cuaderno de Ruta: Kara-Kul-Frontera Tajikis- Sary-Tash-Osh.

En Kara-Kul pasé tres noches, Kara-Kul es un pequeño pueblo situado a las orillas del lago que tiene el mismo nombre. Desde Murgah a Kara-Kul hay unos 140 kilómetros en los cuales no hay absolutamente nada, solo las dos casitas solitarias donde ya os conté que pase una noche en cada una de ellas.

Si la vida era dura en Murgah aquí creo que todavía es más, a pesar de que este pueblo está situado a las orillas de un gran lago, su agua es muy salada, no hay peces y no vale ni para el consumo humano, ni el consumo del ganado. Ahora estaba totalmente helado y debe de estar así hasta finales de mayo. Tampoco se puede cultivar nada, ni tener gallinas… solo alguna oveja y algún yak.
Aquí viví con una familia que en esos días estaba solo compuesta por la madre, la hija de 10 años la otra hija de casi una año, el padre estaba en Osh con el hijo que acababa de ser operado. Tenía pensado pasar dos noches aquí y recorrer en un solo día los 90 kilómetros hasta el primer pueblo de Kirguikistan. Pero me tuve que quedar un día más, debido al fuerte viento que hacia imposible el viajar en bici.
No me preocupé, con mi visa. Todavía no tenía problemas, tenía 3 días para salir de Tajikistán, ya que mi permiso en ese país era hasta el día 9 de abril y mi visa en Kirguizistán empezaba el 7 de abril, así que podía cruzar la frontera el 7 el 8 ó el 9 de abril.
Con esta familia pasé mucho tiempo, por el viento no se podía casi ni salir a la calle, me entendía con ellos como podía, la mujer sabía un poquito de inglés, ya que vivía de acoger en su casa, algún turista. Eso sí, en verano.
Me comentó las dificultades económicas de la gente del Pamir y del pueblo. Su familia, gracias a los turistas, vivía algo mejor. Me dijo que pudieron llevar al hijo a un hospital en Osh, a que le operaran. “Si lo que le ha pasado a mi hijo le pasa a otro niño del pueblo, se muere” me dijo. Ya que la sanidad es muy cara y también el transporte no hay transporte público.

El día 8 de abril amaneció, aunque nublado sin viento. Desayuné leche y pan y me puse en ruta. Los primero 25 kilómetros eran más o menos llanos, con vistas al gran lago helado, por este desierto de altura.
Después la carretera empezó a subir el primero de los dos puertos que tendría que superar si quería llegar a Kirguizistán. Cuando coroné el puerto de algo mas de 4.200 metros de altitud, sólo se veía más que nieve por todos los lados, en la carretera, en las montañas…..
El descenso era casi inapreciable, avanzaba muy despacio entre la nieve, los kilómetros parecían no pasar. El paisaje era espectacular. Cuando debía de estar a unos pocos kilómetros de empezar el segundo puerto empezó a soplar el viento, y cuando sopla en el Pamir sopla bien. Así que no me quedo otra que acampar, sujeté mi tienda a unas grandes piedras y pasar allí la noche esperando a que el dios Eolo se tomara un descanso. Era sobre las tres de la tarde.
Me metí en la tienda sin imaginarme la noche tan mala que me esperaba. Un poco antes de que anocheciera empecé a sentir un fuerte escozor en mis ojos. Si los cerraba mal y abrirlos no podía, no veía absolutamente nada. Me di cuenta del gran error que había cometido, había pedaleado por la nieve durante muchas horas, a unos 4.000 metros de altura y sin gafas de sol.
Como no hacía mucho sol y normalmente me molestan no me había acordado de ellas. ¡Qué noche pasé! Allí, en medio de la nada, con viento y frío, con un escozor en los ojos que me impedía ver y pensando que al día siguiente tenía que abandonar el país. Mi visa se terminaba.

Para mi desgracia el día amaneció totalmente despejado, el solo brillaba con fuerza y se reflejaba en la blanca nieve. Tardé un buen rato en recoger y desmontar la tienda, a cada rato me tenía que parar cubrirme los ojos. Me puse en marcha, nieve y más nieve, comencé a subir el puerto, casi todo el tiempo arrastrando mi bici. Me paraba a cada rato, no veía nada y me cubría los ojos.
Por fin, a mitad del puerto me encontré con el primer control de militares. Se quedaron flipados al verme aparecer entre la nieve, ciego y arrastrando mi bici, me ofrecieron té y comida.
Me recuperé un poco y seguí avanzando al poco otro control esta vez de la policía de antinarcóticos. Uno de ellos lo primero que me dijo es que le diera 100 dólares, le pregunte que por qué, y me dijo que si no le pagaba me registraba, le dije que no le pagaba que me registrara. Empezaron a registrarme todo el equipaje y aunque casi no veía ví como un policía se metía 100 dólares en su bolsillo.
Cuando terminaron el registro, les pregunté que si todo bien y me dijeron que sí. Entonces le dije que me devolviera los 100 dólares que, para mi suerte, me devolvió. Así que pensé y “¿Si se niega, qué hago? En medio de la nada, rodeado de altas montañas, a 4.000 metros de altitud y medio ciego, siendo robado por la misma policía… ¿A quién reclamo?”
Según me alejaba del control iba pensando “¡hay que joderse, esta gente de uniformes y pistolas en teoría están para ayudarnos y en vez de eso nos roban!”. En cuatro meses de viaje los que me han intentado robar dos veces han sido ellos, en fin…
Estos policías me dijeron que no cruzara a Kirguizistán, que había problemas. Pero no tenía otra opción. Mi visa terminaba ese mismo día y estaba a varios días de viaje de Dushanbe. Eso sí, tenía suerte de encontrar vehículo, así que continué. Al rato, me encontré el último control de Tajikistán, de militares, que sellaron mi pasaporte, al verme como estaba me dijeron que me quedara allí a dormir. Rechacé rotundamente la invitación. Pensé para mí: nadie me ha robado más que los militares y policías, así que cualquiera se queda allí, rodeado de ellos, cuando amanezco no me han dejado ni los calzoncillos.
Me dijeron que unos dos kilómetros mas adelante había una casa, así que hacia allí me dirigí. Llegué a la casa como pude, prácticamente sin ver y con un gran escozor de ojos. En esta casa vivía una familia que me acogió muy bien, me peló y partió una patata y me dijo que me pusiera un trozo de ella en cada ojo. Así lo hice y pasé toda la tarde y noche con un trozo de patata en cada ojo. Al día siguiente amanecí bastante recuperado. ¡Que alegría, por lo menos no me quedo ciego!, pensé.
Me despedí de la familia y entre mucha nieve llegué al puesto fronterizo de Kirguizistán y es que entre los puestos de Tajikistán y Kirguizistán hay unos 20 kilómetros. Sellaron mi pasaporte y continué hacia el primer pueblo. Pero antes de llegar a Sary -Tahs me recogió un vehículo, el único que veía en varios días. El conductor me ofreció llevarme hasta el pueblo. Acepté. Había muchísima nieve y era muy difícil el avanzar con la bici.
Llegamos a Sary-tash, es un pueblo muy pequeño y no se puede cambiar dinero. El conductor me dijo que el iba a Osh, que me llevaba, acepte y aquí estoy en Osh, la segunda ciudad mas grande del país, dónde he podido cambiar dólares por son, la moneda del país y dar señales de vida a mi familia por medio de Internet.

Esto es lo que escribió Marco Polo sobre el Pamir en su descripción del mundo, aunque creo que se refiere solo a la segunda parte, es decir Jalandi (¿os acordáis?) Sary tahas.”La llanura recibe el nombre de Pamir y lleva unos 12 días atravesarla, encontrando a tu paso nada más que un desierto sin personas ni plantas. Es por esto por lo que el viajero se ve obligado a llevar consigo todas las provisiones que pueda necesitar para atravesarlo. La región es tan fría e inhóspita que ni siquiera se ven pájaros en el aire. Y debo advertir también, que debido a este horrible frío, el fuego no arde con la misma fuerza y el calor como de costumbre”.

Más Pamir Higway

Cuaderno de ruta: Murgah-puerto AK-Baital-Kara-Kul.

Sigo sin conexión a Internet pero continúo escribiendo mis crónicas para
que no se me acumule el trabajo y en cuanto pueda las subiré al blog, para que tengáis una idea completa de las etapas. Hoy es 6 de abril, el cumpleaños de mi
hermana a la que desde aquí felicito.

En Murgah pasé 4 noches para aclimatarme bien a la altitud y para no llegar demasiado pronto a la frontera de Kirguizistán, ya que hasta el día 7 de abril no empieza mi visa de ese país. Murgah a pesar de ser el segundo núcleo urbano del Pamir, es un pequeño pueblo donde viven unas 7.000 personas.
Como ya os dije anteriormente, el paisaje ha cambiado mucho y con él, la gente, ya no son Tajis ahora ya son kirguiz aunque territorialmente están en Tayikistán. Hablan kirguiz y si me permitís la expresión sus rasgos son más achinados.
En Murgah no hay agua, en los pueblos anteriores siempre había arroyos y ríos, aquí no. Consiguen el agua gracias a unos pozos que construyó una ONG francesa hace unos cuatro o cinco años. Allí acuden, generalmente las mujeres y niños, con sus cubos a por el tan preciado bien.
También carecen de luz eléctrica, aunque todo el pueblo está lleno de postes y cables, según me dijeron sólo funciona unos pocos días al mes. La gente que ha podido ha recurrido a generadores de gasolina.
Este pueblo cuenta con un pequeño bazar (mercado). Es una calle llena de viejos contenedores de camión que hacen de tiendas.
Si en la otra parte del Pamir la vida era dura creo que aquí es todavía mucho más dura, por la altura -casi 4-000 metros- y la composición del suelo no se puede sembrar nada. Pero nada de nada. Tampoco pueden tener gallinas, sólo alguna oveja y yaks, que es una especie de animal entre el choto y el bisonte.

El día 2 de abril abandoné Murgah, pedalee unos 50 kilómetros por este desierto de altura, conocido como la llanura del Pamir, dónde no hay prácticamente nada. Sólo arena y montañas cubiertas de nieve. Llegué a una pequeña y solitaria casita dónde pasé la noche. Allí vivían un matrimonio y su hija más pequeña, los hijos mayores vivían en Murgah con familiares para poder asistir a la escuela. Se dedicaban a la cría de ovejas, la casita era muy humilde, con una única habitación que hace de todo. Allí había una vieja cocinilla, que encienden con excrementos de animales y que utilizan para cocinar y calentarse. Su dieta principalmente consiste en pan, leche y té.

Al día siguiente, otra vez a pedalear. Sabía que me esperaba un día muy duro. Tendría que superar el puerto AK-Baital (caballo Blanco) de 4.655 metros de altura sobre el nivel del mar. Cuando mi cuenta kilómetros marcaba algo más de 20 kilómetros recorridos y debía estar a unos pocos kilómetros de empezar el puerto, empezó a soplar un fuerte viento acompañado de nieve.
Pensé que así, son esa tormenta, no podría subir el puerto, así que retrocedí un par de kilómetros, busqué un buen sitio y coloqué mi tienda, que tuve que atar a grandes piedras para que resistiera el fuerte viento.
No eran ni las 10 de la mañana, así que allí, al lado de la solitaria y fría carretera del Pamir, pasé más de 20 horas metido en la tienda y acurrucado en el saco de dormir. ¡Qué noche más fría!
Pero el mayor problema no era el frío, sino el agua. Debía de estar cerca de los 4.000 metros de altura, aunque estaba bien aclimatado, los expertos recomiendan beber entre 3 y 4 litros de agua al día para no sufrir el mal de altura. Al salir de la casita de pastores había llenado mis dos bidones de agua, cada uno de un poco mas de 0’5 litros de capacidad, uno me lo había bebido en los kilómetros que había pedaleado, así que con poco más de medio litro tuve que pasar mas de 20 horas. A pesar de que todo lo que había a mí alrededor era hielo y nieve no podía derretirla.
Al día siguiente para mi suerte amaneció despejado, el cielo color azul intenso. Tenía dos opciones: esperar a que saliera bien el sol y con ello subiera la temperatura o ponerme a pedalear aunque el frío fuera muy intenso.
Elegí la segunda. No me podía arriesgar a esperar que subiera la temperatura y viniera otra tormenta como la del día anterior. A los pocos kilómetros me topé con el cartel que indicaba el puerto con sus 4.655 metros de altura. Pero este cartel no estaba en la cumbre sino donde empezaba el puerto.
Esperé a subir, despacio, buscando el mejor lugar y es que entre el hielo, la nieve y la tierra congelada el asfalto había desaparecido.
Antes de coronar empezó a soplar un fuerte viento. Coroné, ¡qué alegría!. Me abrigué y para abajo.
¡Que frío! Soplaba mucho viento en contra que arrastraba polvo de nieve que chocaba contra mi cara. Pasé mucho mucho frío. Mis manos, dentro de los guantes ni las sentía, pero las utilizaba para apretar con fuerza los frenos de mi bici, para no coger mucha velocidad y no pillar ninguna placa de hielo que me mandara al suelo.
Creo que la bajada de este puerto ha sido, por ahora, el momento más duro de todo mi viaje. No tenía la sensación de frío sino la sensación de congelación, sobre todo en las manos y en la nariz. Pero no podía hacer otra cosa que continuar. No había nada para refugiarse del viento, así que no sé de donde pero saqué la fuerza y el coraje para terminar de bajar el puerto.
Por fin terminó la bajada. La carretera empezó a llanear, el paisaje era espectacular: un amplio valle todo cubierto de nieve y hielo.
Crucé un puentecito, paré a la orilla del río y con una piedra rompí el hielo que cubría el agua. ¡Agua! por fin! Imaginaros como estaba de frío esa agua, pero llené uno de mis bidones y le dí un buen trago. Coloqué el bidón en mi bici, seguí pedaleando y al ratito, el agua, se había helado.

A los 25 kilómetros llegue a una casita, donde bebí, comí, cené y dormí. Allí vivían un joven matrimonio y su hijo de dos años. La casa era muy humilde pero acogedora. Vivían allí en medio de la nada, ya que el joven trabajaba de -carretero-.
Al día siguiente, otra vez a pedalear, esta vez fueron 40 kilómetros muy fáciles hasta llegar al pueblo Kara-Kul situado a las orillas del lago que tiene su mismo nombre donde me encuentro ahora, creo que lo próximo que escriba ya será en Kirguikistan.

Pedaleando por la Pamir Highway

Cuaderno de ruta: Khorogh-Jilandi-Murgah, 320km.

Salam Malekum amigos y lectores de mi blog. Hoy es 29 de marzo y hace un rato que acabo de llegar a Murgah, pero cuando vosotros leáis estas líneas estará ya bien entrado el mes de abril, ya que llevo mucho tiempo sin poder conectarme a internet y me quedan todavía muchos días sin tener conexión.

Os contaré cómo han transcurrido las cuatro noches y cinco días que tardé en recorrer los 320 kilómetros que separan Khorogh, la capital del Pamir, y Murgah la segunda ciudad mas grande del Pamir.

El primer día salí tarde de Khorogh porque tuve que esperar a que terminara de soplar el fuerte viento. Empecé a pedalear en la Pamir Highway y con ello cambié el rumbo que había tenido los días anteriores. Es decir abandoné el río Panj y la frontera Afgana, ahora remontaba el río Gunt un afluente del Panj.
La nieve no estaba sólamente en las montañas sino que ya estaba por todos los lados, aunque la carretera estaba limpia a cada lado de ella se acumulaba un metro de nieve. Pedaleaba tranquilo sin prisas, la carretera prácticamente asfaltada en su totalidad, aunque no os penséis que es una autopista, este tipo de carretera en España sería una carretera muy muy secundaria. Pasé por pueblitos, en alguno de ellos pare aceptando la invitación de sus gentes a tomar choy, pastas, caramelos….y a charlar un rato con ellos.

Cuando llevaba unos 55 kilómetros pensé que era el momento de parar y buscar donde pasar la noche. Pasaba por un pueblo y esperé a que alguien me invitara a su casa, pero precisamente donde quería pasar la noche nadie me ofreció su casa, así que utilicé una táctica nueva, aunque sabía de sobra que no había ningún hotel, pregunté por un hotel, a la tercera persona que pregunté me invito a su casa a dormir. ¡Qué recibimiento!: Choy, pastas, caramelos… Esta familia era muy pequeña para lo que suelen ser aquí, en esta casa solo vivían un matrimonio y un hijo de 16 años, otros dos hijos estaban en Moscú y otro hijo estaba en Dusambe cumpliendo con el servicio militar. Al rato llegaron unos amigos del hijo, uno de ellos hablaba bastante bien ingles, así que hizo de intérprete. Después de cenar tuve que ir a visitar las casas de los amigos del hijo de mis hospedadores. Fueron tres y en todas ellas a pesar de decir que ya había cenado me sacaron comida, choy…. en fin ¡qué gente! (ya os hablé de ellos en mi anterior artículo, pero así tendréis una idea más completa)

Al día siguiente pedaleé hasta Jilandi, allí dormí en un pequeño sanatorio, que es una especie de balneario, salvando las diferencias. Tiene una piscinita con agua caliente que mana allí mismo y al que acuden personas con diversos problemas a curarse con este agua. Aproveché para ducharme, llevaba sin una ducha 7 u 8 días, desde que salí de Dusambe. En el hotel de Khorogh me había lavado con una palangana de agua caliente pero no una ducha. También aproveche a darme un baño en las aguas medicinales.
Aquí en jilandi, también empezaron mis problemas. Pocos kilómetros después de este pueblo está el puerto Koy-Teze de 4.272metros de altitud. Ya me habían avisado en Khorogh que pasar este puerto en bici seria prácticamente imposible, que lo mejor que podía hacer era ir de Khorogh a Murgah en todo terreno, que luego a mitad del recorrido no habría ningún tipo de transporte. Pero no hice caso sabiendo que estos problemas con tiempo y sin prisas se pueden solucionar sobre la marcha. En Jilandi me confirmaron lo que me habían avisado en la capital del Pamir, que en Belecip no podría pasar el puerto.
Así que dormí en el sanatorium y al día siguiente con todo mi equipaje y la bici esperé al lado de la carretera a que pasara algún vehículo. Estuve todo el día y solo pasó un todo terreno precedente de Khorogh, que aunque paró, iba completamente lleno y ya sabéis lo que eso quiere decir. Así que otra vez a pasar la noche en el sanatorium.
Al día siguiente otra vez en la carretera, a esperar. No sé cuántas horas pase allí y nada, otro todo terreno “petado”. Aunque había nieve por todos los lados, como brillaba el sol, no se estaba mal y en mi espera nunca estuve solo. Normalmente había alguien del pueblo.
Hacia las cuatro de la tarde, aparece un viejo camión, paro y les expliqué a los cuatro pasajeros lo que me pasaba. Tres de ellos parece ser que aceptaron subirme al camión, pero el jefe no puso muy buena cara, pero por la presión de la gente del pueblo aceptó. Era un camión que venía hasta arriba de sacos de harina procedente de Dusambe y que iba hacia Murgah. Pararon en una casa del pueblo descargaron unos sacos, en un momento unos de los vecinos del pueblo se subió al camión y subieron mi bici y equipaje encima de los sacos de harina. Me despedí de los jalindeses me subí al camión y nos dirigimos hacia el puerto.
En los primero kilómetros la carretera estaba limpia de nieve, aunque había más de un metro a cada lado de ella. El camión avanzaba muy muy despacio. Cuando empezó realmente el puerto la carretera estaba toda llena de nieve y hielo. Paramos y pusimos las cadenas, pero ni con esas. A cada rato teníamos que parar ya que el camión se atollaba y con palas quitar parte de la nieve, los kilómetros pasaron muy despacio antes de coronar el puerto se nos hizo de noche. A pesar de la altitud del puerto, no es peligroso porque no tiene ni grandes pendientes ni precipicios y a la velocidad que avanzábamos era prácticamente imposible que pasara algo.
A las dos de la madrugada llegamos a Alichur, habíamos tardado casi 10 horas en recorrer poco más de 70 kilómetros. Alichur es un pueblo pequeñito, bueno más que un pueblo, unas casas sueltas. Les dije que me quedaba allí, me dijeron y sobre todo el jefe que no que cómo me iban a dejar allí de noche y con frío, que me fuera con ellos hasta Murgah. Yo les insistí. Pararon bajamos la bici y monté la tienda, dónde pasé la noche.
Al día siguiente pedalee por un paisaje totalmente diferente al de los días anteriores, que era remontando ríos entre impresionantes montañas, ahora el paisaje era muy diferente, parecido si cabe al altiplano americano, es decir una especie de desierto a más de 3.500 metros de altura sobre el nivel del mar, dónde prácticamente no hay nada, ni vegetación ni animales…. sólo arena y a los lados montañas de arena.
Por fin llegué a Murgah, dónde estoy ahora escribiendo estas líneas, aunque no sé cuando las leeréis vosotros.

Que gente!

Cuaderno de Ruta: Khorog.
En el último articulo os conté el pequeño problema que tuve con mi cámara de fotos, pero es una simple anécdota que os quise narrar para daros a conocer cómo funcionan aquí las cosas. Pero tengo que decir que en esos cuatro días pedaleando he conocido a unas de las mejores gentes de todos los lugares que he visitado hasta ahora en mi vida. ¡Qué gente!
Recorrí unos 250 kilómetros desde Kalikum hasta Khorog siempre remontando el río Panj y al otro lado de este Afganistán. Si llego a aceptar todas la invitaciones a dormir y comer, creo que en vez 4 días habría necesitado por lo menos un mes para recorrer estos kilómetros.
Khorog es la capital de la región del Pamir y es donde me encuentro ahora. Llevo dos noches, para aclimatarme a la altitud, este pueblo-ciudad está situado a unos 2.150 metros sobre el nivel del mar. Mañana emprenderé mi marcha hacia Murghab, tendré que recorre 320 kilómetros y superar tres puertos de más de 4.000 metros de altura cada uno. De Murghaba tendré que recorrer otros 240 kilómetros para llegar a la frontera con Kirguizistán. En estos casi 600 kilómetros no me econtraré mas que con pequeños pueblos y por supuesto no tendré conexión a Internet, así que estaréis muchos tiempo sin tener noticias mías.
Aunque cuando llegué a Kalikum, fue cuanto entre a la región del Pamir (GBAO), el recorrido que empezaré mañana es lo que se llama la Pamir Higway, siendo una de las carreteras más altas del mundo, bueno carretera: camino. Esta carretera aunque ha existido siempre, por aquí pasaba unos de los principales ramales de la Ruta de la Seda, fue construida por los rusos entre 1931-34 para facilitar el desplazamiento de tropas.
Volviendo al título ¡Qué gente!. Había oído hablar de la hospitalidad de la gente del Pamir, ¡qué verdad es! ¡Qué gente! humilde, sencilla, hospitalaria, risueña… Todos los días he dormido en casas de la gente no en la tienda, ni en hoteles, que no hay. He desayunado, he comido he cenado con ellos.
Una de las cosas que más me ha sorprendido de esta gente han sido los niños. En otros países en otros lugares los niños muchas veces ven al viajero como fuente de ingresos, diciendo “one dolar, money money….” Aquí no, en varias ocasiones niños que cuidaban de unas cuantas ovejas, al lado de la carretera, me ofrecieron su comida.
Las casas del Pamir son muy características, suelen tener una habitación principal, en la cual hay varias alturas y cinco pilares de madera, que representan a los cinco pilares del Islam, en medio de estos pilares, en el mejor de los casos, hay una especie de cocina de leña, que al carecer de ella suelen encender con excrementos secos de animales. No suelen tener ni luz ni agua.
El desayuno suele consistir en una leche muy grasienta a la que añaden la yema de un huevo duro y pan que echan en ella. La cena suele ser igual, la comida como muchos patatas y huevos.
Yo en estos días no sé cuántos huevos fritos habré comido, pero muchos. Por ser el invitado muchas veces me freían tres huevos, me sacaban una bandejita con caramelos y dulces que tienen reservada para casos especiales.
Suelen ser familias muy amplias y por lo general viven de algún familiar que han conseguido enviar a Moscú y que les manda algo de dinero. Prácticamente no hay tierras de cultivo, como mucho tienen unas gallinas alguna oveja o cabra nada más.
Imaginaros cómo es esta gente y esto sólo es uno de los tantos casos.
El cuarto día que pedaleaba, cuando llevaba unos 10 kilómetros, empezó a llover fuerte, ví una casita al lado de la carretera me dirigí hacia ella con mi bici y al verme salió toda la familia a recibirme, con toallas, agua caliente, me frieron huevos, me dieron choy, leche, sacaron la bandejita de las ocasiones…. y me engañaron diciendo que no iba a escampar, para que me quedara allí a dormir..
Pero no es que te ofrezcan más de lo que tienen, si no que como te lo ofrecen, sus ganas de comunicarse contigo, sus risas… en fin un ejemplo.
A veces al irme, al no saber cómo agradecérselo les he ofrecido dinero pero normalmente lo rechazan rotundamente, a pesar de que pasan por dificultades económicas. ¡Qué gente!
Todavía me quedan muchos kilómetros por pedalear en el Pamir pero sobre todo muchos kilómetros de disfrutar de la gente del Pamir ¡qué gente!
Si todo me va bien mis próximas noticias ya serán desde Kirguizistán, es decir a partir del día 9 que es cuando termina mi visa de Tayikistán.
Un saludo a todos y hasta pronto.

Hacia el Pamir

Una vez arreglada la rueda de mi compañera y obtenido la GBAO ((Gorno-Badakhshad-Autonomo- oblasts), abandoné Dushambe (capital de Tayikistán). La GBAO es un permiso especial que se necesita para visitar el Pamir, que aunque forma parte de Tayikistán, tiene un régimen especial de autonomía. Ocupa el 45% del territorio del país, pero en el solo viven el 3% de su población, unas 250.000 personas.

Si desde Dushambe salía en bici, para atravesar todo el Pamir y llegar a la frontera de Kirguijistán, tendría que pedalear más de 1.300 kilómetros. Debido a que mis días son limitados por la visa, los grandes puertos que me puedo encontrar cerrados, el tiempo, está terminando el invierno y sobre todo que no quiero ir con prisas y presiones de que se acaben los días decidí, hacer unos cuantos kilómetros en automóvil. Así que desde la capital cogí un Land Cruis, como dicen aquí, dirección a la región del Pamir y el pueblo Kalikum o Darwaz. Me dijeron que la carretera principal y más corta está cerrada en su alto puerto, que tendríamos que ir por la ruta de invierno algo más larga.

Sobre las nueve de la mañana nos pusimos en marcha. Compartí viaje con siete personas más y el chofer. Un joven matrimonio y un amigo de este que volvían después de trabajar dos años en Moscú, un estudiante que volvía a su pueblo después de acabar la carrera, y otro matrimonio más mayor.
El terreno era cada vez más montañoso. Pasamos por Kulap la segunda o tercera ciudad del país. Al rato y tras una larga bajada llegamos al río Panj, río que me acompañará en los siguientes días y que hace una inexpugnable frontera natural con Afganistán.
Empezamos a remontar el río, claro está, por el lado tayiko. La carretera era prácticamente inexistente y tuvimos que cruzar el río que bajaban de las montañas para desembocar en el Panj. Avanzamos despacio, muy despacio. Pasando por pueblitos al otro lado del río pueblitos afganos. Empezó a caer la noche y yo a preocuparme, pensando que llegaríamos muy tarde a Kalikum, donde no hay hoteles. Llegamos a las diez de la noche, bajamos mi bici y mi equipaje, el todoterreno siguió rumbo a Khorog. No tardé ni un minuto en encontrar posada. En el pueblo solo había abierta una tiendecita, pregunté al señor dónde podía pasar la noche y me llevó a su casa.

Al día siguiente, a pedalear. El día era agradable, con sol y no mucho frío. Pedaleaba sin ninguna prisa, contemplando el fabuloso paisaje, montañas y más montañas, el río Panj, al otro lado de el Afganistán. Cuando el cañón se desencajaba un poco aparecía algún pueblito, donde toda la gente me.
En uno de los tramos que el río iba mas encajonado, el silencio es estremecedor, sólo se oye el ruido del Panj, oí una fuerte explosión, que retumóo en todo el cañón. Asustado paré de pedalear y vi en la pared del lado Afgano una gran humareda de polvo. Ya esté me dije, tenía razón mi amigo Juan, que en un mail me dijo que con esas barbas los americanos me iban a confundir con Bin Laden y Liarse a tiros conmigo. Pero por suerte no eran los americanos, ya que al ratito de la explosión vi que unas cuantas personas se acercaban hacia el lugar de la explosión, eran trabajadores que a base de dinamita están ganando terreno a la vertical pared.

Después del susto seguí avanzando muy lentamente. Aquí hay que luchar cada kilómetro, sin prácticamente carretera, pasando por algunos ríos que no tienen puente para cruzarlos, buscando el mejor lugar para que mi rueda, made in china, no sufra mucho, parándome a hacer fotos y a tomar choy con la gente (aquí ya no se dice chai sino choi). De vez en cuando me adelantaba algún todoterreno todos sus ocupantes me saludaban.

Cuando llevaba unos 55 kilómetros vi a lo lejos unos cuantos automóviles y gentes parados al llegar a ellos, vi que el camino estaba obstaculizado por la nieve, que había caído por un canal abriéndose en el camino. Esto en esta época del año debe ser normal, debido a que comienza a hacer calor. Los ocupantes de los todoterrenos se afanaba en limpiar el camino, con palas, a mi me ayudaron a pasar la bici y seguí hacia adelante.

En el siguiente pueblo que me encontré pasé la noche. Al llegar, unos niños me dijeron “hello hello choy choy” y me llevaron a su casa, tomé choy y los padres me dijeron que me quedara a dormir, aunque todavía quedaban unas cuantas horas de luz y no había hecho muchos kilómetros acepte la invitación.

Pasee por el pueblo, todos los niños, jóvenes y viejos se acercaban a mi, me preguntaban cosas, nos entendíamos como podíamos. Pasé un buen rato con el antiguo profesor del pueblo, que me llevó a su casa a tomar choy. Este buen hombre conocía España por Franco. Sí, habéis leído bien: por el caudillo. Lo normal hasta ahora es que la gente asociara España con fútbol o con los toros pero con Franco no. El profesor sacó un viejo mapa mundi, me señalaba España decía Franco, señalaba Alemania y decía Hitler, señalaba Italia y decía Mussolini y decía “fascist, fascist” y se empezaba a reír a la vez que su dedo gordo de una de sus manos señalaba hacia abajo, yo me reía y él la verme reír se reía más y volvía a repetir lo mismo. ¡Qué gracioso el viejo profesor con sus 77 años y sin ningún diente!.

Al día siguiente desayuné con la familia y a pedalear, igual que el día anterior sin prisas. Cuando llevaba unos 25 kilómetros entré en un pueblo, en la puerta de un viejo cuartel había tres militares que me dijeron choy choy y acepté la invitación. Dejé mi bici en la puerta y entramos en la casa cuartel, me sacaron choy y comida, charlé con ellos lo que pudimos.
Al terminar salimos a la calle y vi que mi bici no estaba, mire a lo largo de la calle y vi a unos chiquillos con ella, al verme volvieron a devolvérmela. Miré en mi bolsita y vi que mi cámara de fotos no estaba, les dije que me la devolvieran, me dijeron que no la tenían. Los militares se enfadaron con ellos, pero los niños insistían que no la tenían.
Uno de los militares llamó a la Militisia (policía). Al rato se presentaron dos policías del pueblo de al lado. Los niños insistían que ellos no la tenían, yo les creía ya que lo juraban por Alá y eso aquí es muy importante. Los policías insistían que eran los niños o tres militares que estaban en la puerta.
Al rato todo el pueblo y los padres de los niños en la puerta del cuartel y más policías. Yo les dije que me iba que no quería saber nada de la cámara, al ver la que se había preparado, por una cámara de fotos, pero la policía no me dejó, me dijo que la cámara aparecería.
Fueron a buscar al profesor de inglés del pueblo vecino, ya que en este pueblo hay escuela pero no estudian ingles. Yo cada vez lo empecé a pasar peor, pensando la que se había liado en este pueblo con mi presencia. Yo insistía que no quería saber nada de la cámara, que me iba, pero no me dejaba la policía.
Pero cuando lo pasé mal fue cuando metieron a los niños en un cuarto del cuartel y les pegaron, entré y me puse en medio, pero me dijeron que me saliera que esto era Tayikistán y no España y que la cámara iba aparecer.
Imaginaros como me sentía yo. Que había llegado a ese pueblo y roto su paz y armonía. No sé cuántas horas pasé en el cuartel y en su puerta.

Al hacerse de noche fuimos a cenar a casa de uno de los tres niños
implicados los 5 policías, los tres soldados no implicados, que era oficiales, el profesor de ingles y yo. No veáis qué cena, frutos secos, yogurt, pollo, dulces…
Cuando se fueron los huéspedes cenó la familla del niño, es decir los padres, otro matrimonio que eran tíos del niño y los primos y cenaron leche y pan.
Yo me sentía fatal. Le pregunté al padre que por qué había invitado a todos a cenar y me dijo que por que los policías y militares eran muy malos y había que llevarse bien con ellos y así funcionan las cosas aquí, que aunque nadie del pueblo los puede ni ver, a la cara todos les saludan amablemente.
Encima de mi presencia en el pueblo había roto su tranquilidad, esa familia había tenido que invitar a 8 personas a cenar y a mí a dormir y, a pesar de ello, no me guardaban ningún rencor. Con el padre conversé mucho y fijaros la situación que dormí al lado del niño que había sido maltratado por mi culpa por la policía.

Con esto vi una vez más que en estos antiguos países de la URSS no han quedado nada de la educación y sanidad gratuita, de la luz y carreteras, de trabajo para todos, pero lo que sí que ha quedado es los métodos totalitarios y represivos del estado. Encima después de abofetear a su hijo, les tienen que invitar a cenar y lo mejor que tienen en la casa.

Al día siguiente cuando desayunaba con esa fantástica familia, llamaron a la puerta era uno de los militares, de los tres que no habían tomado choy con la cámara, me dijo muy nervioso que no se lo dijera a la policía ni a los oficiales…

Contestando a un comentario sobre un post anterior. Claro que sé como se vivía y se viaja en España antaño y no por que lo haya visto en la serie de “Cuéntame como pasó”, sino que por suerte he tenido abuelos y -viejos- de mi pueblo que me lo han contado, he estudiado la carrera de Historia y aunque no lo haya vivido aquella época me lo puedo imaginar. En cuanto al tiempo en llegar a un lugar, ¿a mi me lo vas a decir? Que estoy en uno de los lugares mas inaccesible de la tierra y además viajo en bici, que creo que después del burro es el medio de transporte más lento.