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En medio de la tormenta.

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El tren mâs largo del mundo, en medio de la tormenta

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Enrico en medio de la tormenta.

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Acampados detrâs de una duna.

 

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Enrico y yo, ya sin tormenta.

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Unas haimas.

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Subido en una duna.

 

 

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Tormenta de arena en el sur del Sahara Shael

Cuaderno de ruta: Nouabhidou, Nouakchott, 450 kilómetros

 

Cuaderno de ruta: Nouabhidou, Nouakchott, 450 kilómetros

 

Después de pasar un par de días en Nouabhidou compramos provisiones para los siguientes días de pedaleo que nos esperaban hasta llegar a Nouakchott, la capital de Mauritania. Nuestro comentario fue lo caro que era este país. La fruta, las verduras, la pasta, el arroz, las latas de conserva, la leche, las galletas, etc, por citar algunos productos básicos, eran carísimos y es que en realidad todos los productos son importados, muchos de España. Mauritania al ser su territorio desértico y por la falta de industrias no produce prácticamente nada.

Era el 2 de febrero. Sé que cuando vosotros leáis esto será mucho mas tarde. Motivos de conexión a Internet.

 

Salimos de la ciudad por la mañana, pedaleamos por la carretera que sigue paralela a la vía del tren, el tren  que recorre la península en la que está situada la ciudad y que según dicen es el más largo del mundo, con nada menos que 3 kilómetros de largo y que transporta el hierro de una mina situada a  más de 700 kms del puerto de Nouadhibou. Mira, …por lo menos produce hierro. Curiosamente el tren transporta alrededor de 20.000 toneladas desde una gigantesca mina situada en mitad del Sahara y el viaje puede llevar todo el día cruzando uno de los lugares más desolados del planeta y es arrastrado por tres o cuatro locomotoras de 3.300 CV cada una que mueven los más de 200 vagones y a los que se han unido recientemente dos vagones de pasajeros en la cola pero aún así son muchos los que prefieren viajar en lo alto de los vagones de carga. Estos 700 kms. de vía que unen las minas de hierro con Nouadhibou son los únicos de Mauritania.

Los primeros kilómetros por la desértica península fueron tranquilos y fáciles de hacer, pero poco a poco empezó a soplar el viento y con ello el cielo empezó a ponerse de un color raro para ser cielo, un color medio marrón que dificultaba la visión. Comenzaba la tormenta sahariana o shaeliana que a partir de ahora nos acompañaría varios días. Era impresionante como la fina arena del desierto corría por encima de la carretera, como al chocar contra mi cuerpo me producía dolor como si me clavasen agujas, como, esta fina arena, se metía por todos los ladosen la boca, en los oídos, por todo mi cuerpo, en las zapatillas, en las alforjas, en la bici, …

El avanzar resultaba una tarea penosa, además el viento siempre soplaba del costado izquierdo y un poco de frente. Salimos de la península de unos 40 kilómetros y llegamos al cruce que viene de la frontera de Marruecos por el que habíamos pasado unos días antes. Paramos y nos refugiamos del viento en una pequeña construcción,  cocinamos unos espaguetis y preguntamos a varias personas que cuándo terminaría la tormenta, que si era normal,… la respuesta de todos fue la misma: -illalah-, que significa: -Alá sabe-. Terminamos de comer y decidimos seguir pedaleando.

 

 

 

Que poco, pequeño e indefenso  te sientes con esa fuerza de la naturaleza. No se veía a unos pocos metros, era como una espesa niebla pero en vez de nubes de agua era arena en suspensión a gran velocidad. Lo poco que se podía ver del paisaje, aunque era desierto no era como el sahariano donde prácticamente no hay nada, nos permitía divisar algunas casas de madera aisladas, algunas haimas, algunas palmeras y algunos camellos.

 

Paramos a por agua en una de esas humildes casas y donde nos invitaron tres señoras a tomar te, ¡qué diferente a Marruecos¡ -pensé, lugar en donde tres mujeres solas te invitaran en su casa a tomar té es… casi imposible. Tomamos tres vasitos de té allí sentados encima de una alfombra, hablamos, como pudimos, sobre algunas cosas, nos llenaron nuestras botellas de agua y nos despedimos.  Al subirme en mi bici la rueda trasera hacía un raro ruido por lo que paramos a ver que ocurría. La arena se había metido en el disco del freno y había doblado una patilla. Mientras lo arreglábamos vimos a otro ciclista, era Enrico, un argentino, que desde ese momento se unió al pelotón sueco-español, y ahora también argentino,  para luchar contra el viento y la fina arena del Shael, la sable en francés.

El viento siempre del lado izquierdo y de cara y por momentos no se veía más que unos pocos  metros de la carretera. Esa noche dormimos en una vieja casa abandonada para refugiarnos del viento, aunque éste por la noche afloja bastante, pero al día siguiente la tormenta, que si en principio nos dejó un rato pedalear, empezó de nuevo y con ella la arena por todos los lados y la sensación de sed que nos producía a pesar de beber y beber agua y a esto teníamos que añadir el calor que hacía, más de 30 grados; ese día, según los cálculos de Enrico, bebimos cerca de 9 litros cada uno. Por la noche acampamos detrás de una grande y bonita duna, el viento como la noche anterior se calmó un poco y…tuvimos la visita de la policía que nos dijo que habían visto los reflejos de las bicis desde la carreta,  que cómo se nos ocurría acampar allí, que si nos pasaba algo era su responsabilidad, etc, pero, al final, con la condición de tapar los reflejos de la bicis, nos dejaron dormir en la duna, una maravilla. Al día siguiente otra vez viento aunque menor que los días anteriores; esto nos permitió avanzar algún kilómetro más que en las jornadas anteriores y poder contemplar mejor el fabuloso paisaje. ¡Que hermoso desierto¡… dunas, camellos, haimas, palmeras…Aún hicimos dos noches más y el último día y en una jornada más que maratoniana, y ya sin nada de tormenta aunque eso sí con algo de viento que en buenos ratos nos ayudó, llegamos a Nouakchott, la capital de Mauritana. La sensación de los tres fue la misma: qué bonitos días, qué experiencia pero… qué dura física y mentalmente y creo, sinceramente, más mental que física. Fue sin duda una experiencia única, atravesar el Shael con esa tormenta de arena, buscando y pidiendo litros y litros de agua en las humildes casitas y haimas, preguntando a los lugareños que cuándo terminaría y siempre con su misma respuesta –illalah-, (Alá sabe), sintiéndome, sintiéndonos, tan poca cosa en esa inmensidad y en esa naturaleza que parecía que se había enfadado con esos tres ciclistas osados que se atrevían a desafiarla. Pensé y pienso en lo dura que es la vida de  la gente que vive en este territorio y ahora entiendo mejor su vestimenta, el turbante y la ropa suelta y larga así como su dedicación  a la cría de camellos para obtener leche y carne.

Nouakchott me resultó una capital rara, se puede decir que es nueva como el país, no cuenta con más de 50 años, no tiene una estructura normal con un centro, una periferia, un lugar más administrativo, no tiene calles con aceras sino avenidas sin orden con mucha arena y mucha basura por todos los lados y una zona con un gran mercado. Hay mucha población negra, lo cual me sorprendió, pero creo que el poder económico lo ostentan  los árabes y solo hace falta observar  un poco los diferentes aspectos de la ciudad para darse cuenta de ello. Observar como los coches, muchos de ellos modelos muy caros, y los grandes y potentes todoterrenos son conducidos por los árabes, incluso por mujeres árabes con su velo musulmán, y si se ve alguna persona negra conduciendo un coche, éste es un viejo y destartalado vehículo y es taxi. Así está repartido el mundo.

 

Salud.

Hola Mauritania

Como ya os dije Carlos el sueco y Carlos el español, es decir yo, cruzamos la frontera y llegamos a la ciudad de Nouadhibou,  antigua  Port Etienne, la segunda ciudad de Mauritania con unos 90.000 habitantes que vive prácticamente de la pesca,  situada en el extremo de una larga península de 40 kms., con su puerto pesquero y estrechas y coloridas piraguas en él. Reflejaré aquí unos datos de este país. Mauritania tiene 1.036.700 kms. cuadrados, cerca de dos veces España y tan solo unos tres millones de habitantes, de los cuales casi uno se concentra es su capital Nouakchhott. Su nombre oficial es República Islámica de Mauritania  y es un país de muy reciente nacimiento, de 1958.

 

 

Según entramos en la ciudad tanto a Carlos como a mí nos sorprendieron varias cosas: lo diferente que era respecto a las ciudades de Marruecos y del Sahara, la cantidad de población de raza negra que había y lo sucia, suicísima, que estaba la ciudad.

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Nos costó mucho encontrar hotel, no teníamos ninguna referencia y si hasta ahora había sido muy fácil ya que al dirigirte al centro de la ciudad normalmente hay varios hoteles próximos entre sí, de la misma calidad y precio, ahora en Nouadhibou no fue así y tardamos en encontrar donde alojarnos. Entramos por una avenida con tres carriles en cada sentido aunque, por la arena, prácticamente sólo uno era transitable y en medio de estos carriles había una pequeña mediana que acumulaba muchísima basura. Cuando llevamos un rato recorriendo la ciudad pensamos que ya era el centro pero no se veía ni rastro de hoteles por ningún sitio. Paramos y preguntamos, la gente, aunque amable  e intentando ayudarnos, no sabía informarnos. Un par de chicos, no negros sino árabes, nos acompañaron  en busca de un lugar para dormir después de  hacer varias llamadas desde sus móviles: “nos llevaron a unas especie de residencia pero con los precios más caros que en Europa”. Al final encontramos un lugar más acorde a nuestro presupuesto  y allí pasamos la noche. 

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Al día siguiente  nos cambiamos, ahora sí, más al centro de la ciudad ya que sí el día anterior pensábamos que donde nos alojamos era el centro, no lo era. El centro, si se puede llamar así, era un lugar con un hotel donde paran algunos de los muy pocos turistas que llegan a esta  ciudad. Me gusto andar  y deambular por sus calles sin aceras, todo lleno de arena, de plásticos, de cabras que comían de la basura acumulada, de burros y de gente simpática, negros que al verte se ríen, te saludan e intentan hablar contigo. Prácticamente esta ciudad no tiene turismo de ningún tipo pero al pasar varios días en ella me di cuenta que aunque no tiene turistas sí que vive o trabaja en ella una población importante  de extranjeros, incluso hay hasta consulado español.

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La costa de Mauritania al igual que la del Sahara es uno de los bancos de pesca más importantes del mundo, de ahí que haya muchos chinos, están ya en todas partes, relacionados con la industria del pescado, y también… algún español.

 

Fui con Carlos a uno de los pocos bares restaurantes de la ciudad que según nos dijeron tenía WIFI. Allí conocí a una pareja de españoles, me contaron que acababan de llegar a la ciudad por motivos de trabajo,  que volvían después de dos meses de vacaciones; con anterioridad habían vivido 4 meses en la ciudad y  de nuevo pasarían  otros 4 meses de trabajo. Trabajaban para el consulado español, en la seguridad, eran… guardias civiles… y se encargaban de proteger a nuestros barcos pesqueros, que faenan en la costa, de los ataques piratas;  según me contaron  disponen de varias embarcaciones y un helicóptero. También me comentaron que el día anterior habían estado de fiesta, extrañado  les pregunté ¿dónde?, pues de sobra sé que en este país islámico están totalmente prohibidos los lugares de fiesta y el consumo de alcohol. Me dijeron que siempre cuando vienen de España traen las maletas, con las que entran al país, cargadas de alcohol y es que al ser guardias civiles y trabajar para el consulado español tienen valija diplomática. Pensé, pero no les dije nada, mira, unos guardias civiles de un país -España- engañado a otros guardias civiles de otro país -Mauritania-…graciosa situación… y a la vez… introduciendo de manera ilegal en el país un producto, el alcohol.

 

Mis próximas noticias serán sobre este “raro” país, Mauritania, y de la tormenta de arena que me pilló en el desierto del Sahara en su parte sur, en el llamado Shael.

 

Salud.

 

ADIOS SAHARA OCUPADO

Cuaderno de ruta: Camping 25, Nouadhibou (frontera con Mauritania), 419 kms.

Mi nuevo compañero, el sueco Carlos, y yo salimos del camping “25” y en tres días de pedaleo llegamos a la frontera de Marruecos con Mauritania, concretamente a Nouadhibou, la segunda ciudad en población situada en el extremo de una larga península de 40 kilómetros. Adiós Marruecos, adiós Sahara Occidental Ocupado, hola Mauritania.

Como ya es costumbre en el Sahara estuvimos controlados y vigilados por la policía, la gendarmería y los militares. La primera noche  la policía nos quiso hacer dormir en una vieja y abandonada gasolinera, les dijimos que no y accedieron a acompañarnos hasta un pequeño pueblo, si el lugar se podía llamar pueblo, de pescadores que se veía en la carretera. Nos dijeron que montáramos la haima al lado de su cuartel. Prácticamente el cuartel era el único edificio construido con materiales de obra, el resto de las casas, o mejor dicho las chabolas de los pescadores, eran de cartones, chapas…¡cuánta, cuantísima basura había por todos los lados¡ Los pescadores son marroquíes  venidos de diferentes partes de país en busca de trabajo y pasan largas temporadas hasta que vuelven con sus familias dejando en la playa las barcazas, todas de color verde, con las que cada día salen a faenar a la mar.

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La segunda noche ¡otra vez los policías¡ tuvimos que dormir en un pequeño hotel en la única gasolinera que había en muchos kilómetros. Ellos siempre alegan que es por nuestra seguridad, nos dicen que acampar es peligroso porque está todo el desierto minado de  minas anti-personas. Pero la verdad, yo no los creo, lo de las minas sí, ya que Marruecos es uno de los países donde más minas anti-personas hay aunque están lejos de la carretera, pero… ¿lo de nuestra seguridad? Si en todo Marruecos, antes de llegar al Sahara, la policía no me paró ni una sola vez y desde que estoy en el Sahara, me paran cuatro o cinco veces al día ¿no será por “su” ocupación de un territorio por parte del estado marroquí?…¿mi seguridad?…

Fueron tres días en los que hicimos bastantes kilómetros y por lo general el viento nos ayudó un poco, prácticamente no hay nada más que desierto, como también es costumbre en el Sahara y por lo que pudiera ocurrir, llevábamos muchos litros de agua, a veces hasta 6 litros cada uno.

La frontera es un lugar, según dicen problemático, donde suele haber sobornos, caos y esperas interminables. Los sobornos no nos tocaron aunque los presenciamos, el caos verdaderamente era grandísimo y las esperas…esperamos, pero no demasiado.

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Es cierto que llevábamos varios días sin casi tráfico pero al llegar a la frontera nos encontramos con muchos camiones y coches esperando y esperando en el lado marroquí para pasar a Mauritania. Nosotros por ir en la picala, en la bici, esperamos solo una media hora, nos sellaron en el pasaporte con la salida del país y dejamos Marruecos para entrar en unos 5 kilómetros en tierra de nadie, ni de Marruecos ni de Mauritania. En esta zona no hay carretera ni casi  camino, se va por el desierto,  por donde se puede y  es  lugar de  trapicheos, donde se compra y se vende de todo y en especial coches venidos de Europa. Hay coches viejos abandonados, televisores, equipos electrónicos, etc. Durante mi recorrido por el Sahara me he encontrado a mucha gente, sobre todo senegaleses, que compran coches viejos en Europa y los llevan hasta allí para revenderlos y según me dicen cuanto más al sur  de África los llevan, más se revalorizan estos viejos coches. También esta gente me comentó que cada vez este  negocio está peor  porque los que más ganan con él son los policías marroquíes con los sobornos que hay que pagarles y eso durante los más de 2500 kilómetros que recorren por el territorio de Marruecos.

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Pedaleamos esos 5 kilómetros, hacía mucho calor  y durante algún rato, por el problema de la arena, nos tuvimos que bajar de la bici y empujarla pero, al final conseguimos llegar a los puestos de control de Mauritania y lo que me sorprendió fue la actitud de los nuevos policías, medio tirados, no sentados en sus sillas y con las ametralladoras k 47 por allí, también medio tiradas, en una esquina de una pequeña oficina. Esperamos un poco, nos fotografiaron, nos tomaron electrónicamente  las huellas dactilares de “nuestros 10 dedos” y entramos en Mauritania diciendo  adiós a Marruecos y al Sahara Occidental Ocupado por Marruecos.

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El Sahara  no ha sido nunca un estado independiente ni una entidad clara establecida en este territorio debido a la escasa población. Los españoles estuvieron allí desde finales del Siglo XIX hasta su descolonización en noviembre de 1975 y la nueva colonización por parte del gobierno marroquí después de la famosa marcha verde.  Surgió el Frente Polisario y se llegó a  acuerdos con Marruecos para la celebración de un referéndum… que nunca se ha celebrado… por lo que todavía hoy siguen y se ven los problemas. Como ya os he comentado en artículos anteriores se respira la tensión , es una zona con muchísimos controles de las fuerzas de seguridad del estado marroquí, continúan aún a más de mil kilómetros, en territorio de Argelia, los campos de refugiados saharauis  donde hoy en día viven más de 200.000 personas, existe un muro, construido por Marruecos, de arena y minas de más de 2000 kilómetros de largo para impedir el avance de los saharauis, Marruecos está, según dicen los saharauis, colonizando el territorio atrayendo población de otros lugares del país dándoles trabajo y ventajas económicas. Es impresionante pasar por algún pueblo nuevo que ha construido Marruecos con sus casas, sus calles asfaltadas y urbanizadas, sus farolas pero vacío de gente, no vive nadie, porque allá no quiere ir ningún marroquí ¿de qué van a vivir allí en medio de la nada?

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Yo lo que he notado es que los saharauis todavía viven con miedo en su propio territorio y donde todavía continua  la presencia de las Naciones Unidas sobre todo en El Aaiún. También me comentaron como en el 2006 hubo grandes protestas especialmente en la ciudad de El Aaiún con muchos muertos y centenares de encarcelados, como en esa época se llenó todo el Sahara de militares de las Naciones Unidas,  y con ellos se llenó también el Sahara de prostitutas venidas  de muchos lugares y es, ya sabéis o ya sabemos,  que ahora los grandes y sofisticados y costosos ejércitos no hacen la guerra sino la paz, siguen el lema de los hipys de los 60 “haz el amor y no la guerra” por eso, donde van los ejércitos también van prostitutas. ¡Cómo los grandes medios de comunicación y financieros del mundo nos venden esto! Nos dicen que los ejércitos y el gasto militar es necesario para la paz. Todavía recuerdo como, a poco de llegar al poder, al primer presidente negro de EEUU le concedieron el premio Nóbel de la paz, por eso, porque manda al mayor, al más preparado, poderoso y costoso ejército del mundo, el señor Obama es el mayor pacifista.

Aunque espero y me gustaría  que el problema del pueblo saharaui se resolviese creo que  no será así. Marruecos tiene grandes intereses económicos  en el territorio saharaui como son las minas de fosfatos y la gran riqueza del banco pesquero del Sahara.

Salud.