Hola Mauritania

Como ya os dije Carlos el sueco y Carlos el español, es decir yo, cruzamos la frontera y llegamos a la ciudad de Nouadhibou,  antigua  Port Etienne, la segunda ciudad de Mauritania con unos 90.000 habitantes que vive prácticamente de la pesca,  situada en el extremo de una larga península de 40 kms., con su puerto pesquero y estrechas y coloridas piraguas en él. Reflejaré aquí unos datos de este país. Mauritania tiene 1.036.700 kms. cuadrados, cerca de dos veces España y tan solo unos tres millones de habitantes, de los cuales casi uno se concentra es su capital Nouakchhott. Su nombre oficial es República Islámica de Mauritania  y es un país de muy reciente nacimiento, de 1958.

 

 

Según entramos en la ciudad tanto a Carlos como a mí nos sorprendieron varias cosas: lo diferente que era respecto a las ciudades de Marruecos y del Sahara, la cantidad de población de raza negra que había y lo sucia, suicísima, que estaba la ciudad.

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Nos costó mucho encontrar hotel, no teníamos ninguna referencia y si hasta ahora había sido muy fácil ya que al dirigirte al centro de la ciudad normalmente hay varios hoteles próximos entre sí, de la misma calidad y precio, ahora en Nouadhibou no fue así y tardamos en encontrar donde alojarnos. Entramos por una avenida con tres carriles en cada sentido aunque, por la arena, prácticamente sólo uno era transitable y en medio de estos carriles había una pequeña mediana que acumulaba muchísima basura. Cuando llevamos un rato recorriendo la ciudad pensamos que ya era el centro pero no se veía ni rastro de hoteles por ningún sitio. Paramos y preguntamos, la gente, aunque amable  e intentando ayudarnos, no sabía informarnos. Un par de chicos, no negros sino árabes, nos acompañaron  en busca de un lugar para dormir después de  hacer varias llamadas desde sus móviles: “nos llevaron a unas especie de residencia pero con los precios más caros que en Europa”. Al final encontramos un lugar más acorde a nuestro presupuesto  y allí pasamos la noche. 

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Al día siguiente  nos cambiamos, ahora sí, más al centro de la ciudad ya que sí el día anterior pensábamos que donde nos alojamos era el centro, no lo era. El centro, si se puede llamar así, era un lugar con un hotel donde paran algunos de los muy pocos turistas que llegan a esta  ciudad. Me gusto andar  y deambular por sus calles sin aceras, todo lleno de arena, de plásticos, de cabras que comían de la basura acumulada, de burros y de gente simpática, negros que al verte se ríen, te saludan e intentan hablar contigo. Prácticamente esta ciudad no tiene turismo de ningún tipo pero al pasar varios días en ella me di cuenta que aunque no tiene turistas sí que vive o trabaja en ella una población importante  de extranjeros, incluso hay hasta consulado español.

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La costa de Mauritania al igual que la del Sahara es uno de los bancos de pesca más importantes del mundo, de ahí que haya muchos chinos, están ya en todas partes, relacionados con la industria del pescado, y también… algún español.

 

Fui con Carlos a uno de los pocos bares restaurantes de la ciudad que según nos dijeron tenía WIFI. Allí conocí a una pareja de españoles, me contaron que acababan de llegar a la ciudad por motivos de trabajo,  que volvían después de dos meses de vacaciones; con anterioridad habían vivido 4 meses en la ciudad y  de nuevo pasarían  otros 4 meses de trabajo. Trabajaban para el consulado español, en la seguridad, eran… guardias civiles… y se encargaban de proteger a nuestros barcos pesqueros, que faenan en la costa, de los ataques piratas;  según me contaron  disponen de varias embarcaciones y un helicóptero. También me comentaron que el día anterior habían estado de fiesta, extrañado  les pregunté ¿dónde?, pues de sobra sé que en este país islámico están totalmente prohibidos los lugares de fiesta y el consumo de alcohol. Me dijeron que siempre cuando vienen de España traen las maletas, con las que entran al país, cargadas de alcohol y es que al ser guardias civiles y trabajar para el consulado español tienen valija diplomática. Pensé, pero no les dije nada, mira, unos guardias civiles de un país -España- engañado a otros guardias civiles de otro país -Mauritania-…graciosa situación… y a la vez… introduciendo de manera ilegal en el país un producto, el alcohol.

 

Mis próximas noticias serán sobre este “raro” país, Mauritania, y de la tormenta de arena que me pilló en el desierto del Sahara en su parte sur, en el llamado Shael.

 

Salud.

 

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