Boda en Senegal, llegada a Dakar

Cuaderno de Ruta: Parque Nacional Langue de Barbarie, Thies, Lago Rosa, Dakar, 260 kms.

Después de pasar unos días en Langue de Barbarie mis compañeros, Carlos de Suecia, Enrico de Argentina, y yo emprendimos rumbo a Dakar. Para atajar algunos  kilómetros y no tener que retroceder a la ciudad de Saint Louis hicimos el recorrido por unos caminos de arena durante unos 15 kilómetros hasta que llegamos a la carretera de Dakar.

Cuando llevábamos unas cuantas horas de pedaleo y bastantes kilómetros recorridos bajo un calor intenso de cerca de los 40 grados y con viento, aunque por suerte casi siempre no muy desfavorable, decidimos acampar. Como no encontrábamos un lugar   apropiado y aislado de gentes  y pueblos decidimos coger un pequeño camino que salía  al lado derecho de la carretera. Recorridos uno pocos metros por este camino parece que encontramos un buen lugar para pasar la noche y como cerca de allí,  a menos de 100 metros, divisamos unas casas, dejamos nuestras bicis y nos dirigimos hacia ellas. Saludamos a la gente que se encontraba cerca de las casas, les preguntamos, como pudimos, que si podíamos acampar, nos dijeron que sí, o eso entendimos nosotros por sus sonrisas y gestos  con la cabeza de arriba y abajo, aunque creo que ellos no nos entendieron nada de nada. Volvimos al lugar donde estaban nuestras bicis para empezar a montar las tiendas y comenzaron a llegar niños y niños,  salían de todos partes, nos miraban, se reían,  nos saludaban con el “salam malekum” y los más atrevidos nos daban la mano.

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Lo he comentado más veces, me parece que son situaciones raras cuando están mirándote constantemente, cuando estás siendo observado, cuando todos tus gestos y movimientos están siendo controlados por los ojos de un montón de niños. Eso es lo que estaba ocurriendo y cuando ya teníamos montadas nuestras tiendas llegó una señora, digo señora pero la verdad que me resulta muy difícil calcular la edad a las personas de aquí, acompañada  de unas cuantas niñas y con un bebé en sus brazos. Nos saludó, nos miró uno a uno de arriba abajo y dijo kado, kado (cadeau, regalo) e insistió tanto con el kado, kado que la dimos un par de barras de pan. Entonces empezó con la mano a partir en pequeños trozos el pan y fue dando uno a uno, a todos los niños que allí había, un trocito de pan. Luego nos miró despacio a cada uno de nosotros. Con su mano y dedo índice me señaló a mí y después señaló hacia las casas cercanas en las que habíamos preguntado si podíamos acampar. Entendí que quería que me dirigiera hacia allí. Ella siguió repitiendo los gestos. Como la comunicación hablada era imposible, creo que sólo hablaba wólof, yo la hice un gesto como OK. Carlos y Enrico se quedaron donde teníamos nuestras tiendas y bicis. Caminé a la par con la señora y detrás de nosotros todos  los niños que eran de diferentes edades, desde los 2 años más o menos hasta los 10 o 12. Llegamos al lugar donde estaban  las 5 o 6 casas,  eran cuadradas de de no más de  seis metros de planta, de ladrillos de barro, con un tejado puntiagudo de paja y  sin electricidad ni agua corriente. Alrededor  había bastante gente de todas las edades, que me miraban y se reían.

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Nos acercamos a una de esas casas, la señora abrió la puerta de madera, me hizo un gesto como que entrara hacia el interior de la casa, estaba oscuro, estaba anocheciendo y la casa no tenía ni una sola ventana. Miré a la señora, la hice un gesto como que no la entendía que me quería decir. Ella con gestos insistió en que pasara dentro. En el interior encendieron una pequeña luz procedente de una lamparita a pilas, esta luz me dejó ver entre sombras una cama grande que ocupaba gran parte de la casa de  una sola habitación, al lado de la cama estaba una niña, no creo que tuviera más de 14 o 15 años.

La señora, a la cual no había oído con anterioridad ni una sola palabra que yo pudiera comprender, dijo “married”, “married”, “Europa”, “Europa”, a la vez que juntaba sus dos dedos índices, los demás dedos cerrados en su mano. Mi sorpresa y asombro fue grande. Entendí, o  eso creo, que esta mujer quería que me casara con esa niña y me la llevará a Europa. Me encontraba más o menos en el dintel de la puerta, dije “married” no, “married” no,… retrocedí… y me dirigí hacia nuestro campamento donde había dejado a Carlos y Enrico. Estos al verme llegar, creo que notaron en mi cara una expresión de incredulidad, me preguntaron  que qué quería la señora, les conté lo ocurrido, no daban crédito a lo sucedido. Ya tranquilos y sin “espectadores” preparamos la cena, cenamos y dormimos.

 Al día siguiente de nuevo más pedaleo bajo un intenso calor, gentes por todos los lados, atravesando pueblos grandes y otros más pequeños. El paisaje, seco sin mucha vegetación pero de vez en cuando nos regalaba algún baobab solitario o algún bosque de este sagrado árbol para los senegaleses, árboles grandes, muy grandes y viejos, muy viejos ya que  algunos pueden alcanzar los 1000 años.

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Llegamos a la ciudad de Thies, la segunda en población de Senegal, paramos comimos arroz, esta vez con unos pequeñitos trocitos de carne, por 600 CFA, al cambio más o menos 1 euro. Después descansamos a la sombra de unos árboles en la plaza central de la ciudad. A continuación continuamos nuestro pedaleo bajo mucho tráfico, era la carretera que va a Dakar, y mucho calor. Dejamos esta carretera y nos desviamos hacia un pueblo que según mi mapa nos llevaba al famoso Lago Rosa. Se terminó el asfalto y  empezó la arena que a veces nos hizo bajarnos de nuestras bicis y empujarlas. Tuvimos que preguntar a la gente, que nos miraban extrañados, para poder llegar al lago. Por fin  llegamos al Lago Rosa llegando por su lado oeste; generalmente los tour de turistas, procedentes de Dakar, llegan por el lado este por una carretera  asfaltada.

 Me desilusionó este famoso lago, allí terminaba el Paris Dakar, ya que no es rosa, este color lo perdió hace unos 4 años, ni tampoco es un lugar especialmente bonito, lo único destacable es que su agua tiene una altísima cantidad de sal solo comparable con la salinidad de las aguas del Mar Rojo.

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Acampamos a la orilla del lago. Al día siguiente más pedaleo y… llegamos a Dakar, era el día 14 de febrero. La entrada a esta gran ciudad de cerca de 4 millones de habitantes fue curiosa. Dakar, con su situación en una península, es el lugar más al oeste del continente africano y solo tiene una carreta de entrada y salida. Nosotros desde el Lago Rosa entramos por el norte de la ciudad cruzando pueblos ya engullidos por la ciudad y donde no se sabe donde empieza uno y termina otro, entramos en la ciudad entre carros tirados por burros, bicicletas, pequeños autobuses urbanos y mucha gente  por todas las calles y pareciendo toda la ciudad un mercado que nunca terminaba. Así que ya he llegado a Dakar, objetivo de mi viaje,  después de 4800 kms y casi tres meses desde que salí de mi casa en Muñoveros. Pero mi viaje en bici continúa.

Salud.

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