Últimos días en Senegal

Hola amigos y lectores, como muchos de vosotros ya sabéis hace casi dos meses que regresé, con bien, a Muñoveros, terminando mi viaje en bici que me llevó de Muñoveros a Dakar pedaleando casi 6000 kms.

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Durante el viaje por motivos de acceso a internet siempre recibías noticias mías con retraso, ahora, por diferentes motivos, la llegada a mi pueblo, el trabajo, si antes pedaleé 6000 kilómetros ahora tengo que desrroñar y preparar más de 5000 pinos para su resinación y, en fin, el ritmo de vida de aquí ha hecho no haya escrito mi último artículo de cierre de mi viaje en a Dakar en bici.
Recordando mi último post, me quedé contándoos la llegada a la ciudad de Tambacounda. Pasamos la ciudad y a pocos kilómetros acampamos. Al día siguiente más pedaleo y por casualidad, al lado de la carretera, en una explanada vimos mucha gente, era un mercado de ganado. Paramos y lo recorrimos; fue verdaderamente interesante ver a unos con sus cabritas, a otros con sus ovejas o terneros, a otros con sus vacas, los puestos de comida…. Me hizo recordar, salvando las distancias, a cómo serían los mercados de ganado en España hace décadas de años y creo que bastantes décadas atrás.

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Ese mismo día llegamos hasta las inmediaciones del Parque Natural Niokolo-Kola que está bordeado por el río Gambia. Como visitar el parque natural era muy caro, había que alquilar un 4 por 4, llevar guía, pagar alojamiento y entrada al parque, etc. decidimos no entrar pero por suerte encontramos a un paisano que nos ofreció, por un precio asequible, un paseo en una pequeña barca a motor por el río Gambia, frontera natural del parque. Recorrer este río en la barquita nos permitió cambiar totalmente el paisaje que llevábamos viendo bastantes días, seco, monótono y feo, por otro de frondoso verde, muy verde, y húmedo. Nos permitió también ver muchísimas aves de distintas clases y especies y ver muy de cerca un grandísimo, un inmenso hipopótamo, ¡qué ilusión me hizo ver a este enorme animal desde la pequeña barca a motor!… verle asomando la cabeza sobre el agua, al rato verle sumergirse y desaparecer y a los 4 o 5 minutos volver a sacar la cabeza para respirar.
Después del paseo en barca, Enrico y yo nos despedimos, él continuaba hacia Guinea Conakry y yo, bordeando el país de Gambia, hacia la región senegalesa de Cassamance.

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Después de más de un mes viajando acompañado, primero de Carlos de Suecia, luego de éste y de Enrico de Argentina, me resultó triste la despedida. Pocas veces en mis viajes he tenido compañeros durante tanto tiempo y tan compenetrados, no era extraño que me entrara cierta tristeza, pero cuando de nuevo empecé a pedalear pronto me acostumbré de nuevo a mi soledad compartida con mis pensamientos y vivencias.
En esta región, con problemas derivados de su aislamiento geográfico con el resto del país y Dakar, con problemas por la religión, allí muchos son cristianos y animistas cuando el resto del país son musulmanes, etc. surgieron grupos armados independentistas que a día de hoy están en paz. Lo que sí que hay hoy día son grupos de delincuentes armados que, según me contaron, están financiados por los grandes empresarios extranjeros dueños de los lujosos hoteles y de las empresas de La Petite Cote, para evitar que el turismo no se desplace a la zona de Cassamance, sin duda, y para mí, la región más bonita de Senegal.

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En esta región pase más de 10 días recorriéndola en bici y descansando una semana en un pequeño pueblo costero con un gran encanto.
Hasta que en la capital de Cassamance cogí el ferry que en unas 15 horas me llevó de nuevo a Dakar. Este ferry es famoso porque no hace muchos años naufragó provocando casi 2000 muertos. En esta ocasión no ocurrió ningún percance.
Una vez llegado a Dakar vendí mi compañera de fatigas de casi 4 meses, mi bici, y en avión regresé a España, dando por terminado mi viaje Muñoveros –Dakar, era el día 10 de marzo.
Salud y hasta otra ocasión.

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Por la sabana senegalesa en bici.

En Dakar pasamos dos días, los que tardaron Enrico y Carlos en solucionar los visados de los siguientes países por los que van a pedalear, ya que, como os he dicho en otros post, quieren llegar hasta Sudáfrica.
Nos alojamos en un hotelito, lo más barato que encontramos, situado en un barrio cerca del centro, un barrio donde vive gente acomodada.
Dakar es la capital de Senegal, país que según dicen sus datos y estadísticas es uno de los países más desarrollados y democráticos del África negra. Dakar a mi me pareció una ciudad bastante Europea y occidental con sus grandes calles y avenidas por las que circulan multitud de vehículos, muchos de ellos nuevos y de gama alta y otros muy viejos, sus edificios, sus tiendas y restaurantes y también ¡cómo no! algunas espacios convertido todos ellos en auténticos mercados.
En Dakar lo que más me llamó la atención es que la gran cantidad de esos niños de los que ya os he hablado y que he visto por todos los lugares que llevo recorrido en Senegal, esos niños de la lata como yo digo, esa lata de tomate con la que mendigan y en donde reciben su ración de comida, esos niños con sus cabezas rapadas, sus pies descalzos, su haraposas ropas…
Tanto me llamaba la atención que no tuve más remedio que enterarme del por qué de esos niños, de su existencia y comportamiento. Son niños denominados talibes, generalmente huérfanos o entregados por sus familias a un morabito. Un morabito es un líder religioso o un maestro espiritual, musulmán, que tiene un inmenso poder social y político. Estos niños son entregados a este líder en régimen de internado para qué reciban una educación coránica. Pero por lo que vi yo y según informes de diferentes organismos internacionales no se dedican a estudiar, no estudian nada, simplemente se dedican a mendigar limosna con la cual enriquecen al morabito, muchos de estos poseen grandes fortunas y tienen mucho dinero. Los niños todos los días tienen que llevar a su “educador” una cantidad mínima de dinero para tener derecho a la ración de comida,
Ver aquí en Dakar a estos talibes en número tan numeroso, si bien ya les había visto en otros lugares de Senegal, no dejó de impresionarme. Por la mañana se puede ver a cientos de estos niños pidiendo con sus latas dinero a los conductores de los coches y a los paseantes. Resulta un espectáculo, que pienso o por lo menos a mi me pasó, que por mucho que vi a estos niños no me podían resultar indiferentes y me daba mucho que pensar. ¿Cómo la gente puede consentir esto, ¿cómo pueden auspiciar esta situación dando limosna a estos niños sabiendo donde va ese dinero? Su justificación, como ya he dicho, es que al ser huérfanos o niños no deseados por sus familias el morabito, el líder religioso, se encarga, en teoría, de ellos y de enseñarlos el Corán. Hay muchas cosas de este mundo que no entiendo y comprendo y su justificación, por parte de la gente que sí que las entiende, es siempre la religión.

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En Dakar Enrico y yo nos despedimos de Carlos el sueco que tomó otro rumbo, yo también me despedí de la ciudad de Dakar a la que tendré que volver en unos 20 días para tomar el avión para regresar a España, ya que todavía dispongo de unos días quiero aprovechar para conocer un poco el país, después de tantos kilómetros pedaleados para llegar.
Por eso Enrico y yo nos dirigimos hacia el este del país, hacia la ciudad de Tambacounda, para bordear el país de Gambia, situado dentro del país de Senegal. Esta extraña geografía de estos dos países, podéis mirarlo en un mapa, se debe al proceso de colonización y descolonización de África por parte de los países europeos, Senegal pertenecía a Francia y Gambia a Inglaterra.
Salir de Dakar nos costó un buen rato de pedaleo entre tráfico de todo tipo, camiones, autobuses, carros tirados por burros, coches… y mucho calor. Por fin lo conseguimos. Llegamos a la ciudad de Mbour, una ciudad costera y de entrada a la Petite Côte, la zona más turística de Senegal, situada en esta zona y donde abundan los hoteles de lujo, spas, restaurantes y cuenta con sus atractivas playas. Como ni a Enrico ni a mí nos interesaba visitar esta zona, continuamos por la carretera que traíamos, la que va hacia Malí y hacia la ciudad más al este de Senegal Tambacounda.

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Cuando llevamos recorridos más de 100 kilómetros, por un paisaje seco y feo, con mucho calor, cerca de los 40 grados, entre pueblos y gentes que iban de acá para allá, decidimos acampar. Por suerte encontramos una zona entre dos pueblos pequeños y sin mucha gente; acampamos bajo un gran baobab, ese árbol sagrado Senegal y no tener “espectadores” esa noche fue agradable.
Al día siguiente más pedaleo con mucho calor, por un paisaje muy seco, con viento no muy fuerte pero siempre en contra. A esta zona la llaman la sabana pero es una sabana muy seca y más ahora que está terminando la época seca.
Pasamos por pueblos, donde ¡cómo no!, aparecían por todos los lados los niños de la lata. En uno de ellos paramos y compramos un bocadillo o más bien un pan con dos huevos cocidos dentro de él; mientras comíamos teníamos un montón de esos niños, no recuerdo si a Enrico o a mí se nos cayó un trocito de huevo al suelo, pero lo que sí recuerdo es como se tiraron los niños a por ese trocito.
Dejamos la carretera principal, la que llevábamos, y cogimos una secundaria, para pasar por el parque natural Du Saloum situado en una zona de manglares y con vegetación verde aunque ésta pronto desapareció y otra vez de nuevo apareció la sabana. Tuvimos que coger un pequeño ferry para atravesar un gran manglar.
Así, entre calor, Sabana, pueblos, alguna ciudad grande, aldeas con sus casas de adobe y tejado de paja, con sus pozos para sacar agua, sus gentes y su “kado”, “cadeau”, regalo, en 5 días de pedaleo y más de 500 kilómetros desde que salimos de Dakar, llegamos a la ciudad de Tambacounda sobre las 5 de la tarde y anochece a las 7, compramos provisiones, buscamos un locutorio par recibir y dar noticias a nuestras familias y seguimos pedaleando, dejando atrás la ciudad dirección Guinea Conatri y el parque nacional de

Al día siguiente más pedaleo por la sabana senegalesa