Todas las entradas por carloszapatera

Aventurero en bicicleta

Últimos días en Senegal

Hola amigos y lectores, como muchos de vosotros ya sabéis hace casi dos meses que regresé, con bien, a Muñoveros, terminando mi viaje en bici que me llevó de Muñoveros a Dakar pedaleando casi 6000 kms.

Imagen

Imagen
Durante el viaje por motivos de acceso a internet siempre recibías noticias mías con retraso, ahora, por diferentes motivos, la llegada a mi pueblo, el trabajo, si antes pedaleé 6000 kilómetros ahora tengo que desrroñar y preparar más de 5000 pinos para su resinación y, en fin, el ritmo de vida de aquí ha hecho no haya escrito mi último artículo de cierre de mi viaje en a Dakar en bici.
Recordando mi último post, me quedé contándoos la llegada a la ciudad de Tambacounda. Pasamos la ciudad y a pocos kilómetros acampamos. Al día siguiente más pedaleo y por casualidad, al lado de la carretera, en una explanada vimos mucha gente, era un mercado de ganado. Paramos y lo recorrimos; fue verdaderamente interesante ver a unos con sus cabritas, a otros con sus ovejas o terneros, a otros con sus vacas, los puestos de comida…. Me hizo recordar, salvando las distancias, a cómo serían los mercados de ganado en España hace décadas de años y creo que bastantes décadas atrás.

Imagen

Imagen

Imagen

Imagen
Ese mismo día llegamos hasta las inmediaciones del Parque Natural Niokolo-Kola que está bordeado por el río Gambia. Como visitar el parque natural era muy caro, había que alquilar un 4 por 4, llevar guía, pagar alojamiento y entrada al parque, etc. decidimos no entrar pero por suerte encontramos a un paisano que nos ofreció, por un precio asequible, un paseo en una pequeña barca a motor por el río Gambia, frontera natural del parque. Recorrer este río en la barquita nos permitió cambiar totalmente el paisaje que llevábamos viendo bastantes días, seco, monótono y feo, por otro de frondoso verde, muy verde, y húmedo. Nos permitió también ver muchísimas aves de distintas clases y especies y ver muy de cerca un grandísimo, un inmenso hipopótamo, ¡qué ilusión me hizo ver a este enorme animal desde la pequeña barca a motor!… verle asomando la cabeza sobre el agua, al rato verle sumergirse y desaparecer y a los 4 o 5 minutos volver a sacar la cabeza para respirar.
Después del paseo en barca, Enrico y yo nos despedimos, él continuaba hacia Guinea Conakry y yo, bordeando el país de Gambia, hacia la región senegalesa de Cassamance.

Imagen
Después de más de un mes viajando acompañado, primero de Carlos de Suecia, luego de éste y de Enrico de Argentina, me resultó triste la despedida. Pocas veces en mis viajes he tenido compañeros durante tanto tiempo y tan compenetrados, no era extraño que me entrara cierta tristeza, pero cuando de nuevo empecé a pedalear pronto me acostumbré de nuevo a mi soledad compartida con mis pensamientos y vivencias.
En esta región, con problemas derivados de su aislamiento geográfico con el resto del país y Dakar, con problemas por la religión, allí muchos son cristianos y animistas cuando el resto del país son musulmanes, etc. surgieron grupos armados independentistas que a día de hoy están en paz. Lo que sí que hay hoy día son grupos de delincuentes armados que, según me contaron, están financiados por los grandes empresarios extranjeros dueños de los lujosos hoteles y de las empresas de La Petite Cote, para evitar que el turismo no se desplace a la zona de Cassamance, sin duda, y para mí, la región más bonita de Senegal.

Imagen

Imagen

Imagen
En esta región pase más de 10 días recorriéndola en bici y descansando una semana en un pequeño pueblo costero con un gran encanto.
Hasta que en la capital de Cassamance cogí el ferry que en unas 15 horas me llevó de nuevo a Dakar. Este ferry es famoso porque no hace muchos años naufragó provocando casi 2000 muertos. En esta ocasión no ocurrió ningún percance.
Una vez llegado a Dakar vendí mi compañera de fatigas de casi 4 meses, mi bici, y en avión regresé a España, dando por terminado mi viaje Muñoveros –Dakar, era el día 10 de marzo.
Salud y hasta otra ocasión.

Anuncios

Por la sabana senegalesa en bici.

En Dakar pasamos dos días, los que tardaron Enrico y Carlos en solucionar los visados de los siguientes países por los que van a pedalear, ya que, como os he dicho en otros post, quieren llegar hasta Sudáfrica.
Nos alojamos en un hotelito, lo más barato que encontramos, situado en un barrio cerca del centro, un barrio donde vive gente acomodada.
Dakar es la capital de Senegal, país que según dicen sus datos y estadísticas es uno de los países más desarrollados y democráticos del África negra. Dakar a mi me pareció una ciudad bastante Europea y occidental con sus grandes calles y avenidas por las que circulan multitud de vehículos, muchos de ellos nuevos y de gama alta y otros muy viejos, sus edificios, sus tiendas y restaurantes y también ¡cómo no! algunas espacios convertido todos ellos en auténticos mercados.
En Dakar lo que más me llamó la atención es que la gran cantidad de esos niños de los que ya os he hablado y que he visto por todos los lugares que llevo recorrido en Senegal, esos niños de la lata como yo digo, esa lata de tomate con la que mendigan y en donde reciben su ración de comida, esos niños con sus cabezas rapadas, sus pies descalzos, su haraposas ropas…
Tanto me llamaba la atención que no tuve más remedio que enterarme del por qué de esos niños, de su existencia y comportamiento. Son niños denominados talibes, generalmente huérfanos o entregados por sus familias a un morabito. Un morabito es un líder religioso o un maestro espiritual, musulmán, que tiene un inmenso poder social y político. Estos niños son entregados a este líder en régimen de internado para qué reciban una educación coránica. Pero por lo que vi yo y según informes de diferentes organismos internacionales no se dedican a estudiar, no estudian nada, simplemente se dedican a mendigar limosna con la cual enriquecen al morabito, muchos de estos poseen grandes fortunas y tienen mucho dinero. Los niños todos los días tienen que llevar a su “educador” una cantidad mínima de dinero para tener derecho a la ración de comida,
Ver aquí en Dakar a estos talibes en número tan numeroso, si bien ya les había visto en otros lugares de Senegal, no dejó de impresionarme. Por la mañana se puede ver a cientos de estos niños pidiendo con sus latas dinero a los conductores de los coches y a los paseantes. Resulta un espectáculo, que pienso o por lo menos a mi me pasó, que por mucho que vi a estos niños no me podían resultar indiferentes y me daba mucho que pensar. ¿Cómo la gente puede consentir esto, ¿cómo pueden auspiciar esta situación dando limosna a estos niños sabiendo donde va ese dinero? Su justificación, como ya he dicho, es que al ser huérfanos o niños no deseados por sus familias el morabito, el líder religioso, se encarga, en teoría, de ellos y de enseñarlos el Corán. Hay muchas cosas de este mundo que no entiendo y comprendo y su justificación, por parte de la gente que sí que las entiende, es siempre la religión.

Imagen
En Dakar Enrico y yo nos despedimos de Carlos el sueco que tomó otro rumbo, yo también me despedí de la ciudad de Dakar a la que tendré que volver en unos 20 días para tomar el avión para regresar a España, ya que todavía dispongo de unos días quiero aprovechar para conocer un poco el país, después de tantos kilómetros pedaleados para llegar.
Por eso Enrico y yo nos dirigimos hacia el este del país, hacia la ciudad de Tambacounda, para bordear el país de Gambia, situado dentro del país de Senegal. Esta extraña geografía de estos dos países, podéis mirarlo en un mapa, se debe al proceso de colonización y descolonización de África por parte de los países europeos, Senegal pertenecía a Francia y Gambia a Inglaterra.
Salir de Dakar nos costó un buen rato de pedaleo entre tráfico de todo tipo, camiones, autobuses, carros tirados por burros, coches… y mucho calor. Por fin lo conseguimos. Llegamos a la ciudad de Mbour, una ciudad costera y de entrada a la Petite Côte, la zona más turística de Senegal, situada en esta zona y donde abundan los hoteles de lujo, spas, restaurantes y cuenta con sus atractivas playas. Como ni a Enrico ni a mí nos interesaba visitar esta zona, continuamos por la carretera que traíamos, la que va hacia Malí y hacia la ciudad más al este de Senegal Tambacounda.

Imagen

Imagen

Imagen
Cuando llevamos recorridos más de 100 kilómetros, por un paisaje seco y feo, con mucho calor, cerca de los 40 grados, entre pueblos y gentes que iban de acá para allá, decidimos acampar. Por suerte encontramos una zona entre dos pueblos pequeños y sin mucha gente; acampamos bajo un gran baobab, ese árbol sagrado Senegal y no tener “espectadores” esa noche fue agradable.
Al día siguiente más pedaleo con mucho calor, por un paisaje muy seco, con viento no muy fuerte pero siempre en contra. A esta zona la llaman la sabana pero es una sabana muy seca y más ahora que está terminando la época seca.
Pasamos por pueblos, donde ¡cómo no!, aparecían por todos los lados los niños de la lata. En uno de ellos paramos y compramos un bocadillo o más bien un pan con dos huevos cocidos dentro de él; mientras comíamos teníamos un montón de esos niños, no recuerdo si a Enrico o a mí se nos cayó un trocito de huevo al suelo, pero lo que sí recuerdo es como se tiraron los niños a por ese trocito.
Dejamos la carretera principal, la que llevábamos, y cogimos una secundaria, para pasar por el parque natural Du Saloum situado en una zona de manglares y con vegetación verde aunque ésta pronto desapareció y otra vez de nuevo apareció la sabana. Tuvimos que coger un pequeño ferry para atravesar un gran manglar.
Así, entre calor, Sabana, pueblos, alguna ciudad grande, aldeas con sus casas de adobe y tejado de paja, con sus pozos para sacar agua, sus gentes y su “kado”, “cadeau”, regalo, en 5 días de pedaleo y más de 500 kilómetros desde que salimos de Dakar, llegamos a la ciudad de Tambacounda sobre las 5 de la tarde y anochece a las 7, compramos provisiones, buscamos un locutorio par recibir y dar noticias a nuestras familias y seguimos pedaleando, dejando atrás la ciudad dirección Guinea Conatri y el parque nacional de

Al día siguiente más pedaleo por la sabana senegalesa

Boda en Senegal, llegada a Dakar

Cuaderno de Ruta: Parque Nacional Langue de Barbarie, Thies, Lago Rosa, Dakar, 260 kms.

Después de pasar unos días en Langue de Barbarie mis compañeros, Carlos de Suecia, Enrico de Argentina, y yo emprendimos rumbo a Dakar. Para atajar algunos  kilómetros y no tener que retroceder a la ciudad de Saint Louis hicimos el recorrido por unos caminos de arena durante unos 15 kilómetros hasta que llegamos a la carretera de Dakar.

Cuando llevábamos unas cuantas horas de pedaleo y bastantes kilómetros recorridos bajo un calor intenso de cerca de los 40 grados y con viento, aunque por suerte casi siempre no muy desfavorable, decidimos acampar. Como no encontrábamos un lugar   apropiado y aislado de gentes  y pueblos decidimos coger un pequeño camino que salía  al lado derecho de la carretera. Recorridos uno pocos metros por este camino parece que encontramos un buen lugar para pasar la noche y como cerca de allí,  a menos de 100 metros, divisamos unas casas, dejamos nuestras bicis y nos dirigimos hacia ellas. Saludamos a la gente que se encontraba cerca de las casas, les preguntamos, como pudimos, que si podíamos acampar, nos dijeron que sí, o eso entendimos nosotros por sus sonrisas y gestos  con la cabeza de arriba y abajo, aunque creo que ellos no nos entendieron nada de nada. Volvimos al lugar donde estaban nuestras bicis para empezar a montar las tiendas y comenzaron a llegar niños y niños,  salían de todos partes, nos miraban, se reían,  nos saludaban con el “salam malekum” y los más atrevidos nos daban la mano.

Imagen

Imagen

 

Lo he comentado más veces, me parece que son situaciones raras cuando están mirándote constantemente, cuando estás siendo observado, cuando todos tus gestos y movimientos están siendo controlados por los ojos de un montón de niños. Eso es lo que estaba ocurriendo y cuando ya teníamos montadas nuestras tiendas llegó una señora, digo señora pero la verdad que me resulta muy difícil calcular la edad a las personas de aquí, acompañada  de unas cuantas niñas y con un bebé en sus brazos. Nos saludó, nos miró uno a uno de arriba abajo y dijo kado, kado (cadeau, regalo) e insistió tanto con el kado, kado que la dimos un par de barras de pan. Entonces empezó con la mano a partir en pequeños trozos el pan y fue dando uno a uno, a todos los niños que allí había, un trocito de pan. Luego nos miró despacio a cada uno de nosotros. Con su mano y dedo índice me señaló a mí y después señaló hacia las casas cercanas en las que habíamos preguntado si podíamos acampar. Entendí que quería que me dirigiera hacia allí. Ella siguió repitiendo los gestos. Como la comunicación hablada era imposible, creo que sólo hablaba wólof, yo la hice un gesto como OK. Carlos y Enrico se quedaron donde teníamos nuestras tiendas y bicis. Caminé a la par con la señora y detrás de nosotros todos  los niños que eran de diferentes edades, desde los 2 años más o menos hasta los 10 o 12. Llegamos al lugar donde estaban  las 5 o 6 casas,  eran cuadradas de de no más de  seis metros de planta, de ladrillos de barro, con un tejado puntiagudo de paja y  sin electricidad ni agua corriente. Alrededor  había bastante gente de todas las edades, que me miraban y se reían.

Imagen

Nos acercamos a una de esas casas, la señora abrió la puerta de madera, me hizo un gesto como que entrara hacia el interior de la casa, estaba oscuro, estaba anocheciendo y la casa no tenía ni una sola ventana. Miré a la señora, la hice un gesto como que no la entendía que me quería decir. Ella con gestos insistió en que pasara dentro. En el interior encendieron una pequeña luz procedente de una lamparita a pilas, esta luz me dejó ver entre sombras una cama grande que ocupaba gran parte de la casa de  una sola habitación, al lado de la cama estaba una niña, no creo que tuviera más de 14 o 15 años.

La señora, a la cual no había oído con anterioridad ni una sola palabra que yo pudiera comprender, dijo “married”, “married”, “Europa”, “Europa”, a la vez que juntaba sus dos dedos índices, los demás dedos cerrados en su mano. Mi sorpresa y asombro fue grande. Entendí, o  eso creo, que esta mujer quería que me casara con esa niña y me la llevará a Europa. Me encontraba más o menos en el dintel de la puerta, dije “married” no, “married” no,… retrocedí… y me dirigí hacia nuestro campamento donde había dejado a Carlos y Enrico. Estos al verme llegar, creo que notaron en mi cara una expresión de incredulidad, me preguntaron  que qué quería la señora, les conté lo ocurrido, no daban crédito a lo sucedido. Ya tranquilos y sin “espectadores” preparamos la cena, cenamos y dormimos.

 Al día siguiente de nuevo más pedaleo bajo un intenso calor, gentes por todos los lados, atravesando pueblos grandes y otros más pequeños. El paisaje, seco sin mucha vegetación pero de vez en cuando nos regalaba algún baobab solitario o algún bosque de este sagrado árbol para los senegaleses, árboles grandes, muy grandes y viejos, muy viejos ya que  algunos pueden alcanzar los 1000 años.

Imagen

Llegamos a la ciudad de Thies, la segunda en población de Senegal, paramos comimos arroz, esta vez con unos pequeñitos trocitos de carne, por 600 CFA, al cambio más o menos 1 euro. Después descansamos a la sombra de unos árboles en la plaza central de la ciudad. A continuación continuamos nuestro pedaleo bajo mucho tráfico, era la carretera que va a Dakar, y mucho calor. Dejamos esta carretera y nos desviamos hacia un pueblo que según mi mapa nos llevaba al famoso Lago Rosa. Se terminó el asfalto y  empezó la arena que a veces nos hizo bajarnos de nuestras bicis y empujarlas. Tuvimos que preguntar a la gente, que nos miraban extrañados, para poder llegar al lago. Por fin  llegamos al Lago Rosa llegando por su lado oeste; generalmente los tour de turistas, procedentes de Dakar, llegan por el lado este por una carretera  asfaltada.

 Me desilusionó este famoso lago, allí terminaba el Paris Dakar, ya que no es rosa, este color lo perdió hace unos 4 años, ni tampoco es un lugar especialmente bonito, lo único destacable es que su agua tiene una altísima cantidad de sal solo comparable con la salinidad de las aguas del Mar Rojo.

Imagen

Acampamos a la orilla del lago. Al día siguiente más pedaleo y… llegamos a Dakar, era el día 14 de febrero. La entrada a esta gran ciudad de cerca de 4 millones de habitantes fue curiosa. Dakar, con su situación en una península, es el lugar más al oeste del continente africano y solo tiene una carreta de entrada y salida. Nosotros desde el Lago Rosa entramos por el norte de la ciudad cruzando pueblos ya engullidos por la ciudad y donde no se sabe donde empieza uno y termina otro, entramos en la ciudad entre carros tirados por burros, bicicletas, pequeños autobuses urbanos y mucha gente  por todas las calles y pareciendo toda la ciudad un mercado que nunca terminaba. Así que ya he llegado a Dakar, objetivo de mi viaje,  después de 4800 kms y casi tres meses desde que salí de mi casa en Muñoveros. Pero mi viaje en bici continúa.

Salud.

El África Negra

 

El África Negra

Cuaderno de ruta: Saint Louis, Parque natural Langue de  Barbarie,  25 kms.

 

Tras cruzar la frontera pedaleamos unos 25 kms  y llegamos a la ciudad de Saint Louis,  ya sí que puedo decir que he llegado al África negra, También a un nuevo país, Senegal, con lo que ello conlleva, una nueva moneda, una nueva cultura, un nuevo idioma, ahora es el wólof, aunque al igual que en los países anteriores el francés es una  la lenguas oficiales y  la administrativa.

 

Saint Louis es una ciudad colonial con mucha historia, primera ciudad africana fundada por los europeos y patrimonio de la humanidad desde el año 2000. A partir del siglo XVII gentes de la Normandía francesa llegaron y se establecieron en esta zona fundando la ciudad,  más tarde fue punto de partida de las expediciones coloniales y del comercio con América, también fue lugar de salida de la goma arábiga, obtenida de las acacias senegalesas así como del comercio de esclavos.

 

 

 

Según nos íbamos acercando a la ciudad me iba llamando la atención muchas cosas y es que es la primera vez que estoy en un país del África negra. Me sorprendía y mostraba curiosidad por la gente, sobre todo por las mujeres con sus bonitos y coloridos vestidos, y por el cómo  nos saludaban con el “bonjour” o el “salam malecom” o con el  “sava”  y por el cómo se ríen,  al vernos pasar en nuestras bicis, con sus grandes y blancos dientes.

 

Cruzamos con nuestras bicis la zona del mercado, llegamos al famoso puente metálico de Faidherbe, atribuido a Eiffel de 507 metros de longitud y es que Saint Louis, lo que es su centro histórico, está situado en una isla de forma rectangular de 2 kms de larga por 400 metros de ancha unida a la tierra por ese puente. Por otro puente no tan largo ni famoso está unido a una larga lengua de arena, una isla situada en el río Senegal,  en su desembocadura, rodeada de  agua salada por el contacto con el agua del  mar.

 

Cuando terminamos de recorrer ese puente al  entrar propiamente en la ciudad vinieron unas cuantas personas a ofrecernos alojamiento, les dijimos que no. A continuación buscamos y preguntamos en varias pensiones. Las noticias que tenía y teníamos  sobre los alojamientos en Senegal y África se hacían ciertos, siempre he escuchado a mucha gente que el dormir es muy caro y cierto, así es, el precio es similar a Europa pero la calidad muy inferior así que nos volvimos de nuevo al lugar  en la entrada de la ciudad antigua en el que anteriormente nos habían ofrecido alojamiento y  en una casa particular  nos ofertaron una habitación para los tres ciclistas por 12000 cefas la primera noche y a partir de la segunda 10000 cefas. El CFA, franco común en varios países africanos al que aquí llaman cefas está al cambio 1 euro 650 cefas. Al final en torno a unos 6 euros por cabeza y noche.

La habitación, eso sí, estaba en el centro de la ciudad  pero era un lugar donde solo cabían tres camas y apretadas y con un baño compartido y a la que se accedía por un patio central en obras y  sin acabar donde aún se amontonaban sacos de escombros; allí pasamos tres noches.

Image

 

Pasear por la calles de esta ciudad tiene su encanto o yo por lo menos se lo encontré, con esos bonitos edificios coloniales de fachadas de cal, de doble tejado de barro, con balcones de madera y barandillas de hierro forjado, medio en ruinas y  muy deteriorados,  algunos están rehabilitados, con sus gentes sonrientes, sus niños jugando en la calle, la mayoría de ellas sin asfaltar, sobre todo jugando al fútbol, con sus ovejas por el centro de la ciudad, con el ir y venir de sus gentes, con sus tiendas….

 

Me impresionó el barrio de pescadores que no está situado en la ciudad, en la isla, sino en la lengua esa de arena que da al mar y a la que se accede a ella por el segundo puente de la ciudad.  Este barrio esta construido todo  a lo largo de la playa y es que esta lengua de arena, aunque larga, no mide mas de 300 metros de ancho. Toda la playa está llena de  largas piraguas multicolores, de pescadores que van a pescar, de otros que descargan de las piraguas el pescado cuando regresan del mar, y siempre muchos, muchísimos niños por todos los lados. La zona donde reparan y construyen las piraguas, los que arreglan las redes, las mujeres que limpian  y ahumean el pescado y… muchísima basura y restos de pescado que hay por allí. En este barrio según dicen viven unas 20.000 personas,  y hay quien eleva esta cantidad hasta 40.000, en unos pocos metros cuadrados,  siendo este uno de los lugares del mundo,  junto algún barrio de Calcuta, en la India, donde la densidad de  población, los habitantes por metro cuadrado, es de las más altas del mundo.

Image

Image

Me llamó la atención, como a pesar del poco acceso  que tiene esta gente al agua, a la higiene, al espacio-vivienda, a la electricidad, etc, lo bien vestidos y aseados que van. Pero también me causó una rara sensación el ver muchos y grandes grupos de niños, solo varones, que van con una  vieja lata de tomate colgada al cuello con una cuerda, descalzos y vestidos,  no sé si llamarlo así, con ropa o harapos suicísimos, muchos de ellos con sarna en su rapada cabeza, que van pidiendo dinero.

 

 

 

Después de estos tres días en Saint Louis, otra vez en bici, esta vez fue un recorrido corto, hasta el Parque natural de  Langue  de  Barbarie situado a unos 25 kms de la ciudad. Allí estuvimos unos días en uno de los camping  que hay en el parque, y otra vez me impresionó la gran cantidad de aves que había: garzas y garzas reales, cormoranes, pelícanos de varias clases, gris y blanco, flamencos, etc. Yo aproveché para conocer el lugar. Todos los días salía al amanecer en una piragua, no de madera y multicolor como la de los pescadores, sino de plástico, para recorrer esa gran laguna que forma la desembocadura del río Senegal  acercándome con ella a zonas donde podía observar y ver aves y aves de las muchísimas que había.

Image

Image

Image

Image

 

También salimos del camping y paseamos por el pueblo cercano, donde hablamos con sus gentes, algunos ¡como no!… nos pedían “cado, cado”, “cadeau, cadeau”,  “regalo, regalo” y otra vez aquí, también me llamó la atención lo limpios y  bien vestidos  que van,  los bonitos, coloridos y elegantes vestidos de la mujeres y eso que van o vienen de trabajar en el campo y de pescar, y las calles sin asfaltar y las casas muy dispersas; Así que entre lo bonito del lugar, el pueblo y los paseos en piragua pasamos unos días muy tranquilos.

 

Salud.

En bici abandonando el Sahara y llegando al África negra

Cuaderno de ruta: Nouakchott, Rosso, Parque Nacional Diawling y Saint Louis en Senegal

 

En la capital de Mauritania,  Nouakchott, pasamos tres días. Nos alojamos en un hotel de los más económicos, según nos dijeron, el más barato de todos y por ello la relación calidad precio muy mala a pesar de ser un centro donde se alojan viajeros que se adentran hacia el África negra o regresan de ella,  bien en bici, los menos yo creo que solo nosotros, o bien en camiones y furgonetas preparadas como casas o bien en transporte publico. Este hotel  está situado en un barrio acomodado de la ciudad, cerca de la embajada de Senegal, pero aún así la mayoría de las calles de la zona  están  sin aceras y sin asfaltar, el pavimento es arena del desierto.

Durante estos días no hicimos gran cosa, en esta ciudad tampoco se puede hacer mucho. Limpiar y ajustar las bicis, ¡como estaban de arena!, solucionar papeles, el visado de Senegal, comer y recuperar algo de fuerzas; también visitamos su mercado central, que impresiona, ya que todo el mundo… vende, vende y quiere vender.

El plato “típico”, y que creo que también será en mi próximo país Senegal, es el arroz con pescado. Arroz pero partido en trocitos, un trocito de pescado, otro trocito de zanahoria, algún trozo de otras minúsculas verduras y un poquito de salsa de tomate que le da al conjunto un color  anaranjado. Además de ser el plato típico es lo único que se puede comer barato ya que se puede encontrar un menú de “esto” por unos 500 ouguiyas, que es la moneda de Mauritania, al cambio unos 400 ouguiyas son un euro, pero no os penséis en un restaurante como se puede entender en España, sino en un cuartito pequeñito con unos taburetes o sencillamente en la calle.  A otro nivel se puede tomar otras comidas y en otros restaurantes, eso sí, al mismo precio que en España y por supuesto la calidad muy inferior razón por la que para la mayoría de la población este plato es su dieta principal y, es más, creo que se alimenta sólo y exclusivamente de esto pues los demás productos son imposibles para sus menguadas economías. Nosotros además de arroz y pescado nos dimos algún “lujo”, si se puede llamar lujo,  tomamos un sahawarma, pollo con arroz, patatas fritas y ensalada.

Después de estos tres días en la capital otra vez a pedalear aunque tardamos bastante tiempo en poder salir de la ciudad. Tomamos la carretera  que va hacia el sur del país, una recta que parecía que nunca terminaba y en su márgenes casas y casas, chabolas y chabolas, gente y gente por todos los lados y… tráfico, hasta  que por fin pareció que se terminaba la ciudad pero, claro está, que no terminaba; el desierto, al contrario que en la parte norte del país donde podíamos hacer muchos kilómetros sin ver una casa o una  haima  o vida humana, aquí, en esta zona del desierto en el sur de Mauritania, no trascurre un kilómetro, o incluso unos metros, en los que no se vea a un lado o al otro  o incluso a los dos lados de la carretera una casa  o una haima. No hay una clara división entre el final de  un pueblo y el comienzo del otro.

El calor era sofocante, alcanzamos los 35 grados de temperatura, pero el pelotón ciclista seguía con su marcha aunque este primer día no conseguimos avanzar muchos kilómetros; entre los problemas de la salida de la ciudad, el calor y una avería en la bici del otro Carlos, rompió varios radios de la rueda trasera,  hicimos unos 90 kilómetros. Esa noche acampamos cerca de unas casas,  cerca de un pueblo.

Imagen

Al día siguiente más pedaleo,  siempre entre haimas, casas, mezquitas, cabras, camellos y gente, y… niños con su ya habitual saludo de “cadeau”, “cadeau”, regalo, regalo, en francés; en el norte de país ya nos lo decían pero no con tanta insistencia, tampoco había tanta población, pero en esta zona resultaba  exagerado. Este segundo día  de pedaleo como no encontrábamos un sitio aislado en donde no hubiera gente para poder montar nuestras haimas y después de preguntar a unas personas que si podíamos acampar  como la respuesta fue afirmativa decidimos empezar a montar las haimas. Que multitud de niños empezaron a llegar y a observar lo que hacíamos, al rato llegó un adulto y les dijo que se alejaran; se quedaron a unos 20 metros de nosotros mirándonos y observando todo lo que hacíamos, ¡qué sensación más rara el sentirme observado de esa manera por un montón de niños! y… un poco más tarde otros no tan niños; creo que esto a partir de aquí será normal  así que me tendré que acostumbrar.

Imagen

Al día siguiente más calor, más haimas, más casas, más camellos, más cabras, más gente, más niños, más (“cado”, “cado”, “cado”) y muchos, muchísimos baches profundos en la carretera, ¡qué carretera más mala!,…se complicaba hasta para las bicis. Llegamos a la ciudad de Rosso situada a la orilla norte del río Senegal. Este río es la frontera entre Senegal y Mauritania. Fuimos a esta ciudad fronteriza no para cruzar por ella el río y entrar en  Senegal, pues ya sabíamos que es uno de los peores lugares para entrar entre otras cosas por los agentes corruptos de ambas partes, sino para que Enrico comprase una cartilla oficial de estar vacunado de la fiebre amarilla. Esta vacuna es obligatoria para entrar en Senegal y aunque estaba vacunado en Argentina no tenía la cartilla. ¡Qué ciudad o  pueblo o lo que sea esta frontera!, además de lo que suelen ser los pueblos fronterizos, gentes por aquí y por allá, unos que te quieren vender no sé qué, otros cambiar dinero, otros….y a esto se une la suciedad; creo que es la ciudad mas sucia en la que he estado, en las calles se acumulan montones y montones de basura, la gente por encima de ella plantaba sus puestos de venta…¡qué sensación!, no se como será Senegal pero creo que peor que esto no puede ser.

Imagen

 

Según le habían informado a Enrico podía comprar  su cartilla en una farmacia de esta ciudad, yo pensé que no seria así, ¿cómo vas hacer un trapicheo así en una farmacia aunque sea África?. Nos dirigimos a una, nos dijeron que allí no, pero que la conseguiríamos  cerca del puesto fronterizo. Tenía yo razón, no podía ser que una farmacia proporcionara una cartilla de estar vacunado de la fiebre amarilla,  así que nos dirigimos hacia el puesto fronterizo y en un momento, a nuestro alrededor, teníamos  un montón de gente que nos preguntaba sin cesar que necesitábamos: papeles fronterizos, piraguas para cruzar el río, cambio de moneda o el qué,… cualquier cosa se podía pedir, les dijimos que la cartilla y en un momento Enrico tenía la cartilla en sus manos y con sello oficial de un hospital de Nouakchott refrendado por la firma de un médico. Le pedieron 3000 ouguiyas por ella, unos 7,5 euros, al final, con el regateo, se quedó en 1000, unos 2,5 euros. Este trapicheo se realizó a unos metros de la policía aduanera, en su presencia, ¡impresiona! Una vez conseguido lo que vinimos hacer a esta ciudad, comprar  la cartilla, abandonamos la horrible ciudad para dirigirnos hacia otra ciudad frontera llamada Diama, a unos 100 kilómetros río Senegal abajo, es decir dirección oeste.

Imagen

Al salir de Rosso y entrar ya no en carretera asfalta sino en un pista de arena, aunque es mejor para avanzar esa pista que la carretera toda llena de baches por la que habíamos llegado, nos pararon en el último control de policía de Mauritania. Aunque no  he contado nada, Mauritania en este aspecto es parecido al Sahara ocupado,  cada cierto tiempo hay controles de policía o gendarmería que nos piden una copia del pasaporte a lo cual siempre les decimos que no tenemos, entonces nos piden el original que siempre vigilamos y muchas veces creo que,  por pereza y dejadez, ni copian los datos. Nos hablan de fútbol, que si Maradona y Messi por Enrico, a mí que si  el Real o el Barsa e Iniesta y al sueco que si no sé que jugador sueco que he oído muchas veces su nombre, pero no recuerdo, debió jugar alguna temporada en el Barsa:( Ibrahimovic, ahora recuerdo).

Según avanzábamos por esta pista de tierra paralela al río Senegal, aunque no llegábamos a verle, la vegetación iba en aumento, alguna zona de cultivo de arroz, alguna acequia de regadío, e iba surgiendo la vida animal, vimos monos y jabalíes y muchas y cada vez más diferentes aves migratorias. ¡Qué alegría después de tantos días por el desierto esta eclosión de vida!  Llegamos a un canal, aparcamos nuestras bicis y nos bañamos ante la mirada de unos cuantos negritos que llegaron, se rieron y  nos dijeron que ellos no sabían nadar.

Imagen

 

Después del baño empezamos a pasar por zonas lagunares con muchísimas aves. Al lado de la pista divisamos una caseta azul, de madera y elevada del suelo, era para observar  aves, allí decidimos pasar la noche: ¡Qué acierto fue pasar la noche allí,  qué maravillosa puesta de sol y qué amanecer tan espectacular divisando bandadas y bandadas de aves!,  estábamos en el parque natural de Diawling situado en los límites meridionales del Sahara en torno al delta del río Senegal, sitio de anidación de aves debido a la acumulación de agua dulce y salada y con un montón de lagunas que es un paraíso para las miles y miles de aves migratorias que han realizado un recorrido parecido al mío, yo en bici y ellas volando, ya que muchas vienen de Europa y de España. Flamencos, pelícanos, garzas y garzas reales, cormoranes, martines pescador… se pueden ver a montones, aves  y aves que van y vienen desde el río  a las lagunas a dormir.

Imagen

Imagen

Al día siguiente llegamos a la frontera entre Mauritania y Senegal,  Diama. Sin muchos problemas ni esperas, nos sellaron nuestros pasaportes y yo entraba y llegaba, después de dos meses y medio desde que salí de Muñoveros, al África negra. Desde  la frontera y en unos 25 kilómetros más de pedaleo llegamos a la histórica ciudad senegalesa de Saint Louis.

Salud.

fotos

Image

En medio de la tormenta.

Image

El tren mâs largo del mundo, en medio de la tormenta

Image

Enrico en medio de la tormenta.

Image

 

Acampados detrâs de una duna.

 

Image

Enrico y yo, ya sin tormenta.

Image

 

Unas haimas.

Image

Subido en una duna.

 

 

Tormenta de arena en el sur del Sahara Shael

Cuaderno de ruta: Nouabhidou, Nouakchott, 450 kilómetros

 

Cuaderno de ruta: Nouabhidou, Nouakchott, 450 kilómetros

 

Después de pasar un par de días en Nouabhidou compramos provisiones para los siguientes días de pedaleo que nos esperaban hasta llegar a Nouakchott, la capital de Mauritania. Nuestro comentario fue lo caro que era este país. La fruta, las verduras, la pasta, el arroz, las latas de conserva, la leche, las galletas, etc, por citar algunos productos básicos, eran carísimos y es que en realidad todos los productos son importados, muchos de España. Mauritania al ser su territorio desértico y por la falta de industrias no produce prácticamente nada.

Era el 2 de febrero. Sé que cuando vosotros leáis esto será mucho mas tarde. Motivos de conexión a Internet.

 

Salimos de la ciudad por la mañana, pedaleamos por la carretera que sigue paralela a la vía del tren, el tren  que recorre la península en la que está situada la ciudad y que según dicen es el más largo del mundo, con nada menos que 3 kilómetros de largo y que transporta el hierro de una mina situada a  más de 700 kms del puerto de Nouadhibou. Mira, …por lo menos produce hierro. Curiosamente el tren transporta alrededor de 20.000 toneladas desde una gigantesca mina situada en mitad del Sahara y el viaje puede llevar todo el día cruzando uno de los lugares más desolados del planeta y es arrastrado por tres o cuatro locomotoras de 3.300 CV cada una que mueven los más de 200 vagones y a los que se han unido recientemente dos vagones de pasajeros en la cola pero aún así son muchos los que prefieren viajar en lo alto de los vagones de carga. Estos 700 kms. de vía que unen las minas de hierro con Nouadhibou son los únicos de Mauritania.

Los primeros kilómetros por la desértica península fueron tranquilos y fáciles de hacer, pero poco a poco empezó a soplar el viento y con ello el cielo empezó a ponerse de un color raro para ser cielo, un color medio marrón que dificultaba la visión. Comenzaba la tormenta sahariana o shaeliana que a partir de ahora nos acompañaría varios días. Era impresionante como la fina arena del desierto corría por encima de la carretera, como al chocar contra mi cuerpo me producía dolor como si me clavasen agujas, como, esta fina arena, se metía por todos los ladosen la boca, en los oídos, por todo mi cuerpo, en las zapatillas, en las alforjas, en la bici, …

El avanzar resultaba una tarea penosa, además el viento siempre soplaba del costado izquierdo y un poco de frente. Salimos de la península de unos 40 kilómetros y llegamos al cruce que viene de la frontera de Marruecos por el que habíamos pasado unos días antes. Paramos y nos refugiamos del viento en una pequeña construcción,  cocinamos unos espaguetis y preguntamos a varias personas que cuándo terminaría la tormenta, que si era normal,… la respuesta de todos fue la misma: -illalah-, que significa: -Alá sabe-. Terminamos de comer y decidimos seguir pedaleando.

 

 

 

Que poco, pequeño e indefenso  te sientes con esa fuerza de la naturaleza. No se veía a unos pocos metros, era como una espesa niebla pero en vez de nubes de agua era arena en suspensión a gran velocidad. Lo poco que se podía ver del paisaje, aunque era desierto no era como el sahariano donde prácticamente no hay nada, nos permitía divisar algunas casas de madera aisladas, algunas haimas, algunas palmeras y algunos camellos.

 

Paramos a por agua en una de esas humildes casas y donde nos invitaron tres señoras a tomar te, ¡qué diferente a Marruecos¡ -pensé, lugar en donde tres mujeres solas te invitaran en su casa a tomar té es… casi imposible. Tomamos tres vasitos de té allí sentados encima de una alfombra, hablamos, como pudimos, sobre algunas cosas, nos llenaron nuestras botellas de agua y nos despedimos.  Al subirme en mi bici la rueda trasera hacía un raro ruido por lo que paramos a ver que ocurría. La arena se había metido en el disco del freno y había doblado una patilla. Mientras lo arreglábamos vimos a otro ciclista, era Enrico, un argentino, que desde ese momento se unió al pelotón sueco-español, y ahora también argentino,  para luchar contra el viento y la fina arena del Shael, la sable en francés.

El viento siempre del lado izquierdo y de cara y por momentos no se veía más que unos pocos  metros de la carretera. Esa noche dormimos en una vieja casa abandonada para refugiarnos del viento, aunque éste por la noche afloja bastante, pero al día siguiente la tormenta, que si en principio nos dejó un rato pedalear, empezó de nuevo y con ella la arena por todos los lados y la sensación de sed que nos producía a pesar de beber y beber agua y a esto teníamos que añadir el calor que hacía, más de 30 grados; ese día, según los cálculos de Enrico, bebimos cerca de 9 litros cada uno. Por la noche acampamos detrás de una grande y bonita duna, el viento como la noche anterior se calmó un poco y…tuvimos la visita de la policía que nos dijo que habían visto los reflejos de las bicis desde la carreta,  que cómo se nos ocurría acampar allí, que si nos pasaba algo era su responsabilidad, etc, pero, al final, con la condición de tapar los reflejos de la bicis, nos dejaron dormir en la duna, una maravilla. Al día siguiente otra vez viento aunque menor que los días anteriores; esto nos permitió avanzar algún kilómetro más que en las jornadas anteriores y poder contemplar mejor el fabuloso paisaje. ¡Que hermoso desierto¡… dunas, camellos, haimas, palmeras…Aún hicimos dos noches más y el último día y en una jornada más que maratoniana, y ya sin nada de tormenta aunque eso sí con algo de viento que en buenos ratos nos ayudó, llegamos a Nouakchott, la capital de Mauritana. La sensación de los tres fue la misma: qué bonitos días, qué experiencia pero… qué dura física y mentalmente y creo, sinceramente, más mental que física. Fue sin duda una experiencia única, atravesar el Shael con esa tormenta de arena, buscando y pidiendo litros y litros de agua en las humildes casitas y haimas, preguntando a los lugareños que cuándo terminaría y siempre con su misma respuesta –illalah-, (Alá sabe), sintiéndome, sintiéndonos, tan poca cosa en esa inmensidad y en esa naturaleza que parecía que se había enfadado con esos tres ciclistas osados que se atrevían a desafiarla. Pensé y pienso en lo dura que es la vida de  la gente que vive en este territorio y ahora entiendo mejor su vestimenta, el turbante y la ropa suelta y larga así como su dedicación  a la cría de camellos para obtener leche y carne.

Nouakchott me resultó una capital rara, se puede decir que es nueva como el país, no cuenta con más de 50 años, no tiene una estructura normal con un centro, una periferia, un lugar más administrativo, no tiene calles con aceras sino avenidas sin orden con mucha arena y mucha basura por todos los lados y una zona con un gran mercado. Hay mucha población negra, lo cual me sorprendió, pero creo que el poder económico lo ostentan  los árabes y solo hace falta observar  un poco los diferentes aspectos de la ciudad para darse cuenta de ello. Observar como los coches, muchos de ellos modelos muy caros, y los grandes y potentes todoterrenos son conducidos por los árabes, incluso por mujeres árabes con su velo musulmán, y si se ve alguna persona negra conduciendo un coche, éste es un viejo y destartalado vehículo y es taxi. Así está repartido el mundo.

 

Salud.