”Sİ LA TIERRA FUESE UN SOLO ESTADO,ESTAMBUL SERIA SU CAPITAL”

Esto fue lo que dijo Napoleón Bonaparte de Estambul, donde aterricé hace unos días, para iniciar, como ya sabéis, la Ruta de la Seda en Bici.

La verdad que me ha sorprendido mucho esta gran ciudad, que debe tener unos 16 millones de habitantes, aunque creo que nadie sabe a ciencia cierta el número exacto, ya que cada uno te dice una cifra.

Esta gran urbe a caballo entre Europa y Asia tiene a sus espaldas una gran historia fue la capital durante cerca de 1.500 años de poderosos imperios. Fue la Bizancio de los griegos, la Constantinopla del Imperio Romano de Oriente, la capital de los sultanes otomanos y, siempre, ”la ciudad” por antonomasia: hace más de mil años los chinos la llamaban ”la ciudad de las ciudades” cuando allí terminaba la Ruta de la Seda. Hasta que en 1923 con la caída del Imperio Otomano y la formación, por parte de Atatturk, de la actual Turquía la capital pasó a Ankara.

Después de este repaso de historia, os contaré mis primeras impresiones sobre mi viaje. El vuelo desde Madrid, el pasado 9 de diciembre, transcurrió con normalidad, mi compañera de viaje, la bici, por suerte llegó sana y salva a su destino. Con mi otro compañero de viaje Diego nos dirigimos hacia el barrio de Sutamahmet donde se encuentran la mayoría de hoteles tanto los baratos como los caros y lujosos.
Fuimos en busca del que según leímos en nuestra guía era el más barato. Cuando entramos, el recepcionista al ver que éramos españoles empezó a cantar el famoso Paquito Chocolatero. Claro está que ya ni le preguntamos ni nos importó su nombre, para nosotros ya sería “Paquito”.

Dejamos nuestros bultos y compañeras de viaje en el hotel y nos fuimos a caminar sin rumbo, como me gusta a mí en el primer contacto con una ciudad. Pasamos por Santa Sofía, la Mequita Azul, el Gran Bazar, el Bazar Egipcio o de las Especias… en estos lugares y en sus calles se respira un ambiente de lo que tuvo que ser y es esta gran ciudad. Un gran crisol de culturas, de etnias, de religiones y cómo no una gran capital.
Ruidosa y a su vez silenciosa, frenética y tranquila, capital y pueblería. Pero lo que más me sorprendió fue el carácter abierto y comercial de los turcos, en cuanto te ven se dirigen a tí hablándote en castellano para que entres en su restaurante o compres en su puesto.

Por más que lo he intentado no se más de tres o cuatro palabras en turco, y creo que aún no las pronuncio ni bien. No sólo por que los idiomas nunca fueron lo mío sino por que con cualquiera que hablas te habla en español y, si no, en ingles. ¡Así como voy a aprender turco!

Al principio me resultó difícil situarme en la ciudad, calles sin orden ni control, mar por aquí y por allá, puentes, mezquitas, gentes…. Sin embargo, me ayudó mucho subir a la Torre Gálata, ya que desde arriba se puede contemplar el barrio de Sutamahmet, el Cuerno de Oro, la parte Asiática, el Bósforo, las fabulosas mezquitas con sus minaretes….

Este lugar privilegiado, nos deparaba además, una agradable sorpresa: En esta torre de unos 60 metros de altura conocí a una paisana, una descendiente de Aguilafuente, que es vecino a mi pueblo, Muñoveros. ¡Qué pequeño es el mundo!

Después de pasear tres días por Estambul, la única ciudad que puede presumir de estar entre dos continentes, Europa y Asia, ya sí que sí abandono Europa y me adentro en Asia. Ya os iré contando.

¡Ah! se me olvidaba. Como os comenté en el primer post, uno de los principales problemas con el que voy a encontrarme en mi particular periplo por la Ruta de la Seda es conseguir los visados para ir pasando de un país a otro, ya que por desgracia -o por suerte- en la tierra no sólo hay un solo estado. Pues bien ¡ya tengo el primero! El de Irán.

Desde España intenté expedirlo y fué prácticamente imposible. Parecía que iba a ser una tarea complicada, pero aquí, en Estambul no ha sido así. Para conseguirlo dirigí al consulado Iraní, en la ciudad, y me dieron un formulario para que lo rellenara.
Debo confesar que al leerlo pensé para mi: “¡no me lo conceden!”

Y es que me pedían direcciones de amigos en Irán, los hoteles dónde iba a dormir, las ciudades por las que pasaría… así que dejé casi todo en blanco, porque este viaje no está planeado al cien por cien, sino que mi bici y yo nos fijaremos un objetivo: recorrer la siguiente etapa, y luego ¡ya se verá!. Volviendo al cuestionario, en el apartado que se refería a los medios de transporte que usaría, había cinco o seis casillas, pero falta una: ¡la de la bici!, así que pinté otra casilla la puse un cruz y escribí: BIKE.

Al entregar el formulario al funcionario empezó a leerlo con una cara muy seria, de repente le cambio la cara, me miró, y exclamó: “Bike… ¿!BIKE!?” Yo me reí y dije: “¡EVET!-que significa sí en turco-, ¡BIKE!, ¡EVET!” y, a la vez, con mis manos empecé como a pedalear.

El funcionario se rió de nuevo y dije: “¡EVET!, ¡VISA!, ¡EVET!, ¡VISA!
Así que un problema menos. Ya tenemos pase para Irán ¿os apuntáis?

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EN TRES DIAS COJO EL AVION

Si, en tres días, el 9 de Diciembre de 2009, cojo el avión hacia Estambul. Para comenzar un viaje hacia Asia, que en mi cabeza empezó a fraguar en América el año pasado.

El 2008, es decir, el año pasado lo pase prácticamente entero en América del Sur, recorriendo con mi mochila Argentina, Chile, Bolivia, Brasil, Perú, Ecuador y Colombia. Fue allí donde conocí a varias personas que viajaban en bici. Al conocer a esta gente, me empezaron a venir poco a poco pero cada vez con más frecuencia pensamientos de que mi próximo viaje sería en bicicleta. Pero lo que no sabía era el destino de ese viaje, ya que América Latina desde niño me fascinaba, pero había cruzado el charco tres veces y quería conocer otros lugares.

En agosto me encontraba en La Paz, la capital de Bolivia, donde conocí a un madrileño de unos 35 años que estaba esperando a que le expidieran, en la embajada española, un pasaporte nuevo, ya que en el viejo no le quedaba hueco donde le pudieran sellar, para poder entrar en otros países. Este cicloviajero me comentó que llevaba varios años viajando por el mundo con su bici. Al nombrar los países por los que había pedaleado, debo reconocer que de algunos como Kirguizstán, Tayikistán, Turkmenistán, Uzbekistán prácticamente yo no sabía nada sobre ellos, lo único que procedían de la desintegración de la U.R.S.S. Así que me dije, ya esta, mi próximo viaje será hacia esos países tan desconocidos para mí y por supuesto en bici.

Al buscar algo de información sobre estos países, vi que estaban en el centro de la antigua Ruta de la Seda, pensé, no se diga más, haré la Ruta de la Seda en bici.

Al regresar a España, comenté este nuevo proyecto al periódico digital Granadadeporte.es, con el que colaboraba escribiendo crónicas sobre América, les gusto y decidieron apostar por él. Cuando parecía que proyecto iba hacia adelante, el periódico por falta de financiación, quebró, ya que se sustentaba de la publicidad y debido a la tan mentada crisis las empresas retiraron su publicidad.

Así que mi viaje tendría que esperar, trabajé, ahorre un poco de dinero, y ahora si en tres días cojo el avión hacia Estambul, donde comienza la Ruta de la Seda.

Os dejo, ya que me voy a preparar la bici, las alforjas y todo lo que meteré en ellas. Si queréis podréis seguir mi viaje en bici por la Ruta de la Seda, aquí en el Adelantado de Segovia.

Mis próximas noticias ya serán desde donde unos dicen que es el fin de Europa y otros el comienzo de Asia, Estambul.

viajando en bici